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De tapas por Zaragoza: dos maneras diferentes de componer una ciudad

Jorge Sánchez Naudín y Pep Vivas 3 Noviembre, 2015

Si alguna o alguno ha empezado a salivar, advertiros desde ya que éste no es un post sobre los mejores “garitos” de tapas que podéis encontrar en la ciudad. Aviso. No hablaremos de champiñones, ni de croquetas, ni de huevos rotos, ni de migas. Pero, bueno, cierta contundencia sí que tiene. Y ya que estamos aquí, os invito a seguir leyendo…

Domingo por la mañana. Soleado. Y una temperatura óptima para dominguear y salir a la calle. De todas las posibilidades por elegir, os propongo dos. A uno le llamaremos el espacio “molón”. Y al otro, el espacio “no (tan) molón”. Categorización fácil, para no estrujarnos tampoco demasiado los sesos. El primero de ellos, el Catatruck (no, a tu dispositivo no le ha pasado nada, ¡es el nombre del evento!). Básicamente consiste en invadir, ocupar, algunos dirán reapropiar, un espacio público (delimitado por las calles Las Armas, Casta Álvarez, Aguadores y Sacramento) del barrio del Gancho con furgonetas, como no vintage, en las que podías degustar raciones de algunos de los restaurantes de la ciudad al ritmo que se encargaba de imprimir el Dj de turno. Incluso podías encontrar “Jot-dogs”, con J. Mayúscula. Que no “Jódó”. Que también los hubo. Como no podía ser de otra manera, mañicas y mañicos que somos.

Catatruck, Zaragoza. Imagen: Unpardedos_Fotografos

Catatruck, Zaragoza. Imagen: Unpardedos_Fotografos

Por otro lado, el concurso de tapas veganas que tuvo lugar en el Centro Social Comunitario Luis Buñuel y en el marco de la VI Feria del Mercado Social Aragón. Esta Feria, tiene un punto de partida. Parte “de cuidar, de cuidar la vida, a las personas, al entorno, y a los procesos o hábitos de consumo, de producción o de relaciones sociales”. Una Feria articulada en torno a siete sectores (Uno: aprender, jugar, recuperar; Dos: acompañar, facilitar; Tres: participar, construir; Cuatro: alimentar; Cinco: arropar; Seis: soñar, viajar; y Siete: comunicar, crear), y “que vinculan a los proyectos y entidades de Mercado Social con las actividades que desarrollan, con el objetivo de reunir en un mismo espacio y en un tiempo determinado a todos los actores y actrices que participan en la Economía Social y Solidaria”.

Sí, en efecto. Llegados a este punto: las tapas sólo eran una excusa (de alguna manera tenía que intentar atraer y mantener vuestra atención). Ahora bien, estos espacios merecen un poco más de explicación. Porque así, en frío. Difícil.

El espacio “molón” emerge como consecuencia de una serie de actuaciones, que de una forma resumida, comienzan en el año 97 cuando se pone en marcha el proceso de regeneración urbana conocido como Plan Integral del Casco Histórico (PICH) y culminan con el Plan Especial de Reforma Interior (PERI) Armas-Casta Álvarez. Además, algunos solares regenerados a través del proyecto #estonoesunsolar, unas cuantas fachadas intervenidas de la mano del Festival Asalto, la cesión, no sin polémica, del espacio cultural CMA Las Armas, y la red de emprendedores creativos cuyos locales se ubican en los bajos de las viviendas del mencionado PERI.

Y el espacio “no (tan) molón”, se ubica en un edificio abandonado de la ciudad (antiguo IES Luís Buñuel) que pretende convertirse en un Centro Social Comunitario. Este proyecto comienza a través de la detección por parte del tejido asociativo del barrio de la necesidad de dotar de unas instalaciones a las diferentes asociaciones para llevar a cabo sus actividades. Transformación, construcción colectiva y participación, serían entre otros, procesos que le caracterizarían.

Feria del mercado social de Aragón. Imagen: @arainfonoticias

Feria del mercado social de Aragón. Imagen: @arainfonoticias

Feria del mercado social de -Aragón. Imagen: @arainfonoticias

Feria del mercado social de -Aragón. Imagen: @arainfonoticias

Si consideramos, como se han considerado, los espacios como construcciones sociales, esto es, no como algo que a priori exista de manera independiente a las personas ni a las redes de prácticas sociales que llevamos a cabo en ellas, ni a las producciones discursivas que permean y configuran la realidad urbana; podremos tener cierta posibilidad de reproducir una ciudad u otra.

Por un lado, una ciudad que sustituye a sus vecinas, por vecinos de fin de semana. Por otro, una ciudad que pretende integrar a los agentes, detrás de proyectos en torno a la Economía Social y Solidaria. Una ciudad que se consume de una forma efímera y fugaz. Una ciudad que pretende dejar poso. Una ciudad en la que sus plazas y sus calles no son para ti, a no ser que tengas un determinado status socioeconómico. Una ciudad que pretende abrir sus puertas y ser participada. Una ciudad obscena, ofensiva y que pervierte. Una ciudad que pretende cuidar. Dos extremos, sí. Elegidos y llevados al límite.

Ahora bien, al dar cuenta sobre el papel activo que van a desempeñar cuerpos, tecnologías, materiales, naturalezas y actores humanos en estas redes de prácticas en las que la ciudad se actualiza y deviene un objeto, tenemos que dar un paso más sobre la noción de construcción social (Farías, 2011). Siguiendo a este mismo autor, la ciudad deviene múltiple, como un efecto relacional e intrínseco de redes de prácticas urbanas, que se ensamblan otorgando a la cotidianeidad una complejidad que hace emerger multiplicidad de posibilidades de acción.

Así, nuestro espacio (o ciudad) “molón”, se articula en torno al ensamblaje de una serie de elementos construidos como el PERI Armas-Casta Álvarez (manzana de edificios del barrio del Gancho), el centro cultural, los solares regenerados, o las intervenciones artísticas en las fachadas de los edificios; a través también de diferentes actores, como los organizadores, los vecinos de fin de semana, o las diversas personas que prestan sus servicios; en torno a las practicas de relación e interacción, incluidas también las llevadas a cabo a través de los dispositivos técnicos que dan cuenta del espacio mediante las posibilidades que nos ofrece internet y la virtualidad; o a través de sistemas sociotécnicos como los proveedores de cobertura, o la red de transporte público (tranvía, BiziZaragoza, etc.). De una forma parecida nuestro espacio “(no tan) molón”, se ensamblará en torno a otra serie de agentes materiales, virtuales, discursivos, sistemas o dispositivos y redes de actores, prácticas y usos del espacio.

De esta forma, entonces, es como estos ensamblajes se pueden considerar generadores de la ciudad, y nos permiten explicar su multiplicidad al emerger e involucrar conjuntos de relaciones que, además de depender de ellas, se actualizan a través de la interacción con otras entidades produciendo la ciudad, entrelazando y articulándose a través de múltiples niveles y redes que hacen proliferar la acción de la ciudad (Ignacio Farías, 2011 [1]). De aquí subyace la idea de que  sobre el espacio, concebido como un efecto relacional situado históricamente, y no como un a priori reificado, se hace necesario un trabajo de mantenimiento y de composición, un trabajo en el que las prácticas que produzcamos, los discursos que generemos, nuestras formas de acción y/o de resistencia, o el establecimiento de unas relaciones determinadas, jugarán junto a elementos materiales, redes, tecnologías y naturalezas un papel fundamental a la hora de componer y mantener formas de ciudad que estarán más cerca de lo “molón”, o de lo “no (tan) molón”.

[1] Farías, Ignacio (2010). Ensamblajes urbanos: la TAR y el examen de la ciudad. Athenea Digital, 11(1), 15-40.

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About The Author

Jorge Sánchez Naudín y Pep Vivas

Psicólogo (de la Intervención) Social. Colaborador RevistaURBS y BlogURBS. Concibo el espacio y las ciudades como algo efímero que se articula en torno a prácticas, discursos, tecnologías, ideologías y relaciones sociales. Y sobre estas líneas intento ensamblar trabajos de investigación. Además, consulto y me consultan, e intento establecer diálogos con lo urbano a través de la fotografía. Esto hoy. Mañana, ya veremos. Twitter: @Onai_Ram / Instagram: onai_ram. Pep Vivas es psicólogo de la ciudad, doctor en Psicología social y máster en Intervención Psicoambiental. Es profesor agregado de la Universitat Oberta de Catalunya y coeditor de la revista URBS. Reflexiona sobre las (in)movilidades sociales y urbanas, sobre la exclusión y el conflicto en el espacio público y sobre la relación entre las tecnologías y las urbes.

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