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Las pandillas son para el verano

Esther Lorenzo 15 septiembre, 2015

Hay lugares para el verano. Paisajes para descansar, relajarse, jugar. Escenarios que permiten encuentros e interacciones más heterogéneos de la rutina habitual: nuevos itinerarios posibles, sin grandes guiones previos. Lugares para la experimentación con horarios, dinámicas y emociones diferentes. Lugares efímeros porque efímero es lo que sucede en esta época del año. Quizá puedas regresar de nuevo a ellos en verano, aunque ya nada será igual. Ese carácter e intensidad viene marcado por el componente emocional de esos paisajes donde se establecen nuevas relaciones sociales.

En la infancia y en la adolescencia, esos paisajes sociales van de la mano de los otros de forma muy directa. Más allá de los posibles amoríos de verano –que haberlos, haylos– están las amistades de verano y, en su escenificación más coral, las pandillas de verano. Los planes en común, la convivencia espontánea, la sensación de comunidad en un momento vital donde se aprende con gusto, tienen lugar en esa época del año donde es permitido interaccionar más libremente. Son los lugares de verano donde las rutinas son más abiertas y muchas actividades ocurren al aire libre. Existe cierta ligereza de capas y prejuicios que provoca roces impensables en la gran ciudad. Momentos de conversaciones infinitas, paseos de aventuras, baños en regalos de la naturaleza, noches estrelladas e historias inventadas.

Durante el año, el lugar es otro, pero en el verano es el lugar de todos. La interacción sucede al aire libre. Las vidas seguras bajo techo durante el resto del año nos confinan cada día a unos metros cuadrados de espacio. Los lugares del verano son amplios de horizonte y el campo de intimidad se amplía, se mezcla con nuevos paisajes y una mayor diversidad de sabores y emociones, las que hay detrás de cada historia de vida y momento compartido.

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Es, o lo era hasta hace no mucho tiempo, cuando la ciudad se aprestaba a formular ese enorme bostezo bajo el justiciero sol de agosto y la soledad de unas calles sustraídas del tráfago de los motores. Porque hasta ese justo día en el que uno tomaba el camino de salida de la gran metrópoli, había interpretado ese libertario prefacio (en la misma calle, en los verdes de la piscina del barrio, en las casi clandestinas noches en los parques…) a cuanto estaba a punto de acontecer más allá de las rutilantes veladas del estío citadino. Todo lo de después de la obligación del colegio (el instituto o la universidad), era preparativo; todo lo de después de la ciudad, campos de experimentación, fiesta y disfrute de los sentidos; y todo lo de después del verano, regreso a la normalidad normativizada.

En los lugares de verano sucedía que se hablaba de sueños entre anécdotas divertidas o aventuras pasadas. En las pandillas, cada cual tenía su imagen y su historia, su línea argumental que elaboraba cada día y que se resolvía colectivamente. En el verano se entrenaban los líderes y los que no pretendían serlo. Los que cultivaban el humor y los que se reían a mandíbula batiente. Se desarrollaban habilidades ocultas en situaciones aparentemente simples. En los lugares de verano, minimalistas por naturaleza, cada recurso disponible era una riqueza. En estos lugares los detalles importaban, tenían un eco.

El tiempo se dilataba en estos lugares efímeros. Las bicicletas eran la velocidad de crucero. Había tiempo para sestear si deseabas la pausa, porque todo era continuo, no dejaba de suceder, pero te esperaba. Los lugares de verano parecen hallarse en un bucle permanente, listos para que los disfrutes. Esos lugares que nos dejan ser, son a su vez por cuanto somos. Su identidad somos nosotros, cada verano.

No será la nostalgia la que cuide de nosotros ni de esos lugares, tal vez sí el vínculo y el deseo de compartir futuros lugares. De verano, por supuesto. Porque, como dicen por ahí, el verano es ese espacio que siempre nos está esperando para volver a ser lo que un día fuimos.

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About The Author

Esther Lorenzo

Ecóloga, investiga en el campo de la psicología ambiental las relaciones de las personas con la naturaleza en general y la urbana en particular. Gestiona redes de investigación y proyectos sociales y culturales. holaverdeurbano.blogspot.com gamocomunica.com

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