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Sobre la ciudad de Massimo Cacciari

Iván Rodrigo Mendoza Jumbo 20 septiembre, 2016

La editorial Gustavo Gili publicó en 2004 la traducción de un libro del italiano Massimo Cacciari, un filósofo que ha realizado una actividad muy significativa en los campos de la cultura, la política y por supuesto la filosofía; profesor universitario en Venecia y director de algunas revistas científicas. En este texto de casi 80 páginas, Massimo Cacciari realiza un análisis histórico de la ciudad reflexionando sobre las principales transformaciones ocurridas, el momento actual y la posible evolución futura de las ciudades, poniendo énfasis en los países europeos.

La ciudad europea se debate en un dilema: entre su condición de morada o espacio de negocios –negotium–. Para el autor, las ciudades en Europa, se desarrollan con una clara influencia romana, ya que se piensa la ciudad como ese lugar donde confluyen multitud de personas de diferentes idiomas, etnias, culturas, nacionalidades, etc., que convienen en aceptar y obedecer unas mismas leyes.

No obstante, en el interior seguimos pensando que la ciudad, para que tenga dimensiones humanas, debe de alguna manera, no solamente recordar, sino mantener ciertas características de la polis griega. Es decir, donde haya “un espacio bien definido y delimitado que permita intercambios sociales, relaciones sociales ricas y compartidas” (p. 25) entre los miembros de la sociedad.

Cacciari, luego de explicar los dos modelos de ciudad, nos presenta el gran dilema actual: ¿cuál de los dos modelos de ciudad escogemos? Antes de elegir, debemos hacernos otra pregunta: ¿qué es lo que pedimos a la ciudad? Y, contradictoriamente, le pedimos las dos cosas con la misma intensidad. Es decir, queremos una ciudad que no ponga obstáculos a la movilidad, al crecimiento, a la funcionalidad; una máquina, un instrumento que facilite los negocios. Y al mismo tiempo, un lugar acogedor, de paz, tranquilidad, de intercambio humano, una morada en donde podamos encontrarnos y reconocernos como comunidad.

Para el autor, “esta fuerte contradicción puede ser el inicio de una nueva forma de ciudad, tal como ocurrió con la disolución del perfil urbano del mundo antiguo y la aparición del nuevo espacio urbano continental europeo, con instituciones que jamás nadie hubiera soñado o inventado” (p. 27) y que hoy en día están tan consolidadas; más aún, es difícil pensar las ciudades sin la influencia de ellas. Por tanto, invita a quienes estén inmersos en el diseño de políticas, planes y proyectos de ordenación territorial, urbanistas o responsables de la construcción de elementos arquitectónicos, a que razonen tomando en cuenta esta contradicción en sus actuaciones y a que reflejen en ellas el futurismo y el conservadurismo, como si fueran dos caras de la misma moneda. Sin intentar, añade, huir hacia adelante, ni regresar al pasado.

[…]

Cacciari se adentra en la ciudad de hoy y del futuro: la ciudad territorio o posmetrópoli. Es decir, aquella megaciudad en donde la metrópoli es la ciudad central formada por unas “vastísimas áreas arquitectónicamente indiferenciadas rebosantes de funciones de representación, financieras y directivas” (p. 34) y, la otra parte, la constituye una gran franja de territorio metropolitano “con apilamientos alrededor de áreas periféricas residenciales, guetizadas unas respecto de las otras, zonas comerciales de masas y restos de producción manufacturera” (p. 34). Se trata de un espacio indefinido, homogéneo e indiferente, en donde los acontecimientos cambian con mucha rapidez; que está en constante movimiento y en la que el espacio geográfico ha pasado a un segundo plano, imponiéndose el tiempo; donde los edificios se han convertido en grandes acontecimientos y ya no se habla de distancias entre puntos geográficos, sino de la duración del tiempo que se emplea en llegar de un punto a otro.

En la posmetrópoli el habitar ya no es ese lugar para recogernos sino solamente “un pasaje, un momento de la movilización universal” (p. 36), por lo que parece exigir una transformación de nuestros cuerpos en una especie de espectros para eliminar el lugar que ocupamos en el espacio, movernos más rápido y estar presentes en varios lugares al mismo tiempo, tal como lo exigen las nuevas tecnologías de la información.

Por el momento seguimos siendo cuerpos que necesitamos de otros cuerpos –medios de transporte– para movernos de un lugar a otro, con las dificultades propias de la ciudad, por lo que la exigencia de ubicuidad, por el momento es incierta.

 

Este modelo de ciudad que se inició en Europa, hoy está presente en todos los continentes y especialmente en los países en vías de desarrollo, en los que se destruyen las economías y culturas locales para imponer otras –las de occidente– y multiplicar las rentas, con las consecuencias sociales que ello acarrea.

Geográficamente, la posmetrópoli es un territorio indefinido que no tiene límites, éstos “son artificiales y administrativos y, no tienen ningún sentido geográfico, simbólico o político” (p. 53). Las funciones como la producción industrial o el intercambio se ubican en cualquier lugar, respondiendo solamente a la presión social o intereses especulativos privados y no a una previa y bien definida programación arquitectónica o urbanista. De esta manera es difícil saber dónde termina una ciudad, debido entre otras cosas, a que la métrica espacial ha desaparecido y ya no tiene sentido hablar de ella, prevaleciendo en todo momento la métrica temporal. Y en donde domina como fin único, la producción y el intercambio de mercancías.

Actualmente los cálculos se determinan en base al tiempo y no al espacio. Es decir, preguntamos por el tiempo que se tarda en llegar a una ciudad, pero muy pocas veces, por la distancia a la que se encuentra. En este sentido, el espacio se ha convertido en un obstáculo para el intenso estilo de vida que llevamos.

Sin embargo, pensamos en la ubicuidad y, al mismo tiempo, en la felicidad de vivir en una casa –un lugar acogedor–. Esta contradicción constituye el gran problema sobre el que queda mucho por debatir. Quizás “debemos inventar edificios para la vida posmetropolitana, lugares que expresen y reflejen el tiempo, el movimiento” (p. 59) y en los que podamos habitar en correspondencia con el territorio de la ciudad actual.

Massimo Cacciari. ©Armando Rotoletti

Massimo Cacciari. ©Armando Rotoletti

Leer el texto completo aquí.


Imagen de portada: Roma by Hernan Irastorza vía Flickr

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About The Author

Iván Rodrigo Mendoza Jumbo

Iván Rodrigo Mendoza Jumbo es Promotor Social y Cultural, Licenciado en Sociología y Ciencias Políticas y Máster en Investigación Social en Inmigración, Desarrollo y Grupos Vulnerables. Colaborador en el diseño y ejecución de algunos proyectos de Investigación Social en la Corporación de Desarrollo Social: Análisis y Proyecciones. Publicación de artículos de investigación social en Revistas Científicas como la Revista Internacional de Estudios Migratorios (RIEM)

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