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Los vacíos urbanos. Inquietud y posibilidad

Ignacio Grávalos y Patrizia Di Monte (estonoesunsolar) 14 noviembre, 2016

El sociólogo Giandomenico Amendola, en I centi colori del vuoto [1], analiza las diversas consideraciones que han adquirido los vacíos urbanos a través de la historia. La primera cuestión que aborda el autor es el carácter cambiante de estos “fantasmas urbanos” (pesadillas o esperanzas, afirma el autor) que van surgiendo a partir de la compacta ciudad renacentista. Las grandes plazas europeas hasta entonces representaban los grandes vacíos de la ciudad, si bien, a pesar e su inmaterialidad, estaban repletas de símbolos y significados: político (gobierno), comercial (mercado) o religiosos (fe). Estos espacios funcionaban como centros intercambiadores de mercancías e ideas y en ellos residía la vida pública.

Resulta significativa la importancia de dichos vacíos urbanos, escenificados en el plano de Roma elaborado por Giambattista Nolli en 1748, en el que vienen representados todos los espacios públicos, incluidos tanto los patios como el interior de varios edificios civiles y religiosos, adquiriendo un innegable protagonismo y extendiendo el ámbito de lo público más allá de calles y plazas. En este caso, el modo de cartografiar el espacio urbano se expandía a espacios interiores que presentaban una ampliación del carácter de lo público.

Fotograma de la película Terrain Vague, de Marcel Carné, 1960

Fotograma de la película Terrain Vague, de Marcel Carné, 1960

Sin embargo, los vacíos que más interesan a Amendola son aquellos surgidos con la ciudad industrial, aquellos que ocupaban una posición marginal y que se pretendían poner en valor reconectándolos con el centro. Con la ciudad de la modernidad, estos espacios son calificados por el autor como los espacios del “non ancora” (no todavía) a la espera de ser reapropiados o, en palabras de Solá-Morales, como espacios de lo posible, “como una porción de tierra en su condición expectante, potencialmente aprovechable, que no obstante ya contiene alguna definición de su propiedad a la que nosotros somos ajenos” [2].

La pianta grande di Roma. G. Nolli, 1748. Fuente: Pinterest

La pianta grande di Roma. G. Nolli, 1748. Fuente: Pinterest

Van a recobrar una importancia fundamental en las postrimerías de la ciudad racionalista, ya que serán oportunidades de conectar la ciudad difusa con el antiguo y productivo centro de la ciudad. Este carácter volverá a ser subrayado por Amendola en La ciudad posmoderna [3], donde retoma el estudio de los espacios abandonados por las grandes fábricas o por parte de la población desplazada a las edges cities que, a partir de los años 70, serán reconvertidos en una oportunidad de crecimiento, en posibles espacios de representación y seducción. Los intersticios dejados en la ciudad tradicional serán reinterpretados, esta vez bajo el imperio de la imagen, de la narración y del espectáculo. Estos espacios dotarán a la ciudad de un dinamismo constante, bien por el reajuste social derivado de los procesos de gentrificación y de la especulación, o bien por su condición fronteriza de una ciudad desconectada, anárquica, sin reglas y sin leyes.

Se va a asistir, al mismo tiempo, al surgimiento de una nueva ciudad en la que la estructura urbana va dejando paso a la experiencia urbana, más sensitiva y atenta a la cotidianeidad. En ese mismo sentido, Georges Perec, en su obra Especies de espacios [4], nos advierte de “no tratar de encontrar demasiado deprisa una definición de ciudad: es un asunto demasiado vasto, y hay muchas posibilidades de equivocarse”. Y en ese contexto, propone fórmulas para recorrerla:

“Continuar.

Hasta que el lugar se haga improbable.

Hasta tener la impresión, durante un brevísimo instante, de estar en una ciudad extranjera o, mejor aún, hasta no entender ya lo que pasa o lo que no pasa, que el lugar se convierta en un lugar extranjero, que incluso ya no se sepa que esto se llama una ciudad, una calle, inmuebles, aceras…”

Newcalstle_coketown. Fuente: flaneurbanismo.blogspot.com.es

Newcalstle_coketown. Fuente: flaneurbanismo.blogspot.com.es

Hoy, matiza Amendola, los vacíos urbanos están más interiorizados y no suscitan miedo, tan solo inquietud, una inquietud derivada de su incertidumbre ajena al sistema urbano. Su indeterminación tiene su reflejo en sus numerosas denominaciones que huyen de una definición fija: dead lands, waste lands, terrain vague, vacant land, derelict land, superflous landscapes, loose spaces, blank areas, dross, no man’s land, le tiers paysage, transgressive xones, zero landscape, etc.

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La potencialidad de estos espacios ha sido incluida en todas las propuestas formuladas sobre la ciudad contemporánea. La posibilidad de modificar el significado de la ciudad a través de sus vacíos, de reprogramar la calle y de dar una respuesta participativa a través de ellos han llevado a estas zonas, antes desprestigiadas, a un plano activo en la concepción urbana en que la experiencia de lo cotidiano, la energía o los flujos, sobrevuelan sobre la ciudad planificada. La reconsideración de dichos espacios los ha llevado a ser objeto de estudio específico en muchos de los ámbitos académicos, ahora sensibilizados por la posibilidad de reformular cuestiones urbanas a través de la revitalización de espacios antes desconsiderados.

Hasta que la ciudad los incorpora al sistema, constituyen ensayos de laboratorio en los que el lugar es puesto a prueba por diversos modos alternativos de reapropiación. Sirvan de ejemplo los casos de la Post-it city [5]. Mercados bajo autopista en China o en un antiguo estadio deportivo en Varsovia, arquitecturas de reciclaje en San Diego, multitud de vendedores ambulantes, asentamientos informales en los márgenes del muro de Berlín, viviendas en el cementerio de El Cairo, jardines comunitarios en Nueva York, gimnasio bajo una autopista en Sâo Paulo, etc. Todos ellos forman un conjunto de estrategias espontáneas que se mueven en el margen de la ciudad normalizada y que encuentran en el vacío su mejor modo de expresión.

 


[1] Amendola, Giandomenico. “I cento colori del vuoto”, en Intorno al vuoto, ed. Cambi, Alessandro y Miselli Ricardo. List Lab. Rovereto, 2015.

[2] Solá-Morales, Ignasi. “Terrain Vagues”, en Quaderns d’arquitectura i urbanisme, 1996, nº 212.

[3] Amendola, Giandomenico. La ciudad posmoderna. Magia y miedo de la metrópolis contemporánea. Celeste. Madrid, 2000.

[4] Perec, Georges. Especies de espacios. Montesinos. Barcelona, 2003.

[5] https://gravalosdimonte.wordpress.com/tag/post-it-city/

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About The Author

Ignacio Grávalos y Patrizia Di Monte (estonoesunsolar)

Ignacio Grávalos. Arquitecto por la ETSAB, Master en Investigación y Formación Avanzada en Arquitectura de la USJ. Profesor de la Universidad San Jorge. Patrizia Di Monte. Arquitecta por la IUAV, Master Gran Escala de la ETSAB. Ha sido profesora de Urbanismo y Arquitectura Social en la Universidad San Jorge. Fundan gravalosdimonte arquitectos en 1998 en Zaragoza. Combinan la actividad profesional con la docente. Profesores invitados en numerosas universidades y foros internacionales. Desarrollan proyectos culturales, que abarcan desde el arte a la arquitectura, estrategias de regeneración urbana, paisajismo, arquitectura participativa y urbanismo sostenible y de emergencia. Son los autores intelectuales del programa experimental “estonoesunsolar”, de intervención temporal en solares abandonados. http://www.gravalosdimonte.com/

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