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El espacio urbano como eje de enraizamiento/desarraigo

Guillermo Aguirre Martínez 9 Junio, 2017

La presente desubicación irremediablemente acaba por afectar al entorno que debería articular y, por derivación, a la ciudad en su conjunto, obstaculizando por una parte la necesaria refuncionalización, desposeyendo a un concreto entorno de un plausible dinámico centro, y provocando por la otra, como observamos en tantas y tantas ocasiones, la creación de nuevos espacios en principio nucleares, si bien paulatinamente más y más alejados de su emplazamiento ideal, espacios cada vez más inhabitables, más anodinos e insanos [1].

La pérdida de centros, el rechazo de los mismos o la excesiva acumulación de éstos –hecho que evidentemente los desposee en mayor o menor grado de valor simbólico–, ilumina una realidad evidente en nuestras grandes ciudades, cada vez más acumulativas, hipertrofiadas y, en consecuencia, ajenas a una medida humana, por no hablar de su difícil sostenibilidad en términos generales. Lo indeterminado [2], continuo y disfrazado con el nombre de orgánico, cuando no lo es, se impone en este modo de desarrollo hiperactivo y enojado llamado a sustituir, finalmente, lo nuclear-simbólico por lo periférico, lo axial por lo caótico, y lo humano por el fruto económico que aquél, el sujeto, concede. La ciudad se expande a modo de megalópolis en la que centro y periferias quedan absolutamente distanciados, llegando a presentarse el primero, según dijimos, como monumento sin más –al no quedar ya en relación con un conjunto, sino aislado–, y las segundas como espacios invertebrados e irremediablemente desarraigados respecto de hipotéticos ejes.

Archigram – Peter Cook, Metamorphosis of an English Town, 1970

Todo ello, añadimos, llega además acompañado –no como causa o como consecuencia, sino como hecho inherente al entrópico proceso que exponemos– de un natural rechazo colectivo –signo del espíritu de los tiempos, si bien no tanto observable en un plano real, concreto, sino en uno meramente ideológico– al centro como tal, al centro como espacio axial, de articulación, dada la tendencia de éste, ya sea por su propia naturaleza, ya por cuanto nosotros hacemos del mismo, a ejercer su despótico dominio sobre el individuo y sobre el espacio.

En esto último, qué duda cabe, además de correr el riesgo de resultar cegados por nuestras ideas, llegamos a olvidar la aptitud transformativa del sujeto, capaz de hacer de sus centros espacios de asentamiento existencial –simbólicos– y, de este modo, generar unas adecuadas relaciones entre forma y función. El sujeto, temiendo las consecuencias de su hipotético asentamiento, queda definitivamente desarraigado, sin vínculo alguno con su entorno y, por tanto, sin lazo consigo mismo: el sujeto se ve cosificado. Con todo, añadiremos, no poco de real reside en el aludido temor en la medida en que una vez iniciado el proceso de distanciamiento entre espacio dominante y espacio dominado, una vez roto el lazo urbano y social que debería articular ambas esferas, el centro queda desprovisto de su función dinamizadora pasando usualmente a comportarse como agujero negro, como araña emplazada en el núcleo de su red, de una enorme tela constantemente expandida y dispuesta a devorar, obvio resulta, todo cuanto se pone en relación con ella o, en rigor, todo cuanto se presenta a su alcance.

Archigram – Peter Cook, Instant city, 1969


[1] Comenta Lewis Mumford al respecto que “cuando uno se aleja del centro, el crecimiento urbano se vuelve cada vez más sin sentido y discontinuo, más difuso y sin eje” (La ciudad en la historia. Sus orígenes, transformaciones y perspectivas, Logroño, Pepitas de Calabaza, 2014, p. 905).

[2] Koolhaas, en su trabajo sobre la ciudad genérica y en relación con el crecimiento urbano cuando éste es guiado por el sinsentido y la falta de criterio, expone los peligros de un territorio dominado por la desmedida proliferación, por el caos y por una continuidad comprendida como “la esencia del ‘espacio basura’; este aprovecha cualquier invento que permita la expansión, despliega una infraestructura de no interrupción” (Acerca de la ciudad, Barcelona, Gustavo Gili, 2014, p. 72).

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About The Author

Guillermo Aguirre Martínez

Como investigador mi campo de estudios ha ido ampliándose desde el ámbito de la literatura hasta el de la estética comparada, encontrando como nexo común entre ambas ramas la comprensión del universo simbólico del que participa toda concreción estética así como la significación de los hechos culturales en el horizonte de los hechos naturales. Estas búsquedas me han llevado, de modo consecuente, a resituar mi lugar como investigador dentro de los márgenes más libres, más abruptos también, de la filosofía de la cultura, vórtice absorbente al que se ve abocada toda representación de lo real.

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