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California Highway: Circular a lomos de la bestia

Manuel Saga 29 septiembre, 2015

Autopistas de California. © Manuel Saga

Hace poco más de un año escribía sobre California, después de un primer viaje que me dejó bastante trastocado. En aquella ocasión compartí una pequeña reflexión sobre el espacio urbano comercial. Un monstruo al que le tenemos tanto miedo en Europa que resulta casi surrealista ver cómo funciona en su versión más liberal y agresiva. Este año he tenido la suerte de volver a visitar esta región de la West Coast, esta vez con un poquito más de calma, y he congeniado con una nueva bestia: la autopista.

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Autopistas de California. © Manuel Saga

No era la primera vez que circulaba por semejantes carreteras. Mínimo seis carriles por sentido a los que se suman arcenes, carriles de salida, para frenadas de emergencia, etc. Carriles donde sólo se permiten coches compartidos, carriles de peaje integrados dentro de autopistas públicas a los que sólo se puede acceder en ciertos puntos y en los que el peaje se controla mediante cámaras. ¿Qué es eso de construir tramos de carretera y puentes enteros para uso privado en pleno siglo XXI? En resumen, una máquina de precisión gigantesca, un bicharraco.

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Autopistas de California. © Manuel Saga

En mi primer viaje no era plenamente consciente de estar circulando a través de una maquinaria tan exacta. Demasiadas cosas nuevas al mismo tiempo, supongo. Sin embargo, en esta última ocasión me sucedió una anécdota que quisiera compartir. Iba de copiloto junto al profesor Claudio Rossi en una furgoneta blanca como la que se ve en las fotos, circulando por el carril situado más a la izquierda, cuando empezó a enlentecerse un poco el tráfico. Nos encontramos que en el arcén de la izquierda, justo a nuestro lado, había un turismo varado junto a una patrulla de la policía. El señor agente, con unos cojonazos de hierro, de pronto se nos pone delante y extiende las manos señalando que paremos. Por un momento me asusté, digo “ya vamos para el cuartelillo”, pero en seguida veo que pasa al carril siguiente y hace exactamente lo mismo, así con LOS SEIS CARRILES. Hablamos de un tipo que con su sola presencia y autoridad frena por completo seis vías llenas de coches que circulan a unos 80 km/h.

Una vez detenido el tráfico, vuelve a su vehículo y empuja al coche varado hasta el arcén de la derecha para que pueda recogerlo la grúa. Ninguno de los otros vehículos osa moverse un centímetro hasta que el agente hace una señal y el tráfico vuelve a la normalidad. No había visto una cosa así en mi vida. La sensación es parecida a la de este vídeo, pero con la persona de pie sobre la carretera y casi tocando con las manos el capó de los coches al frenar.

Al parecer este tipo de cortes de tráfico son bastante comunes en el área de California, especialmente en Los Angeles. Existe un cuerpo de policías de tráfico especialmente dedicado a las autopistas -CHP, California Highway Police– que cuando detecta una incidencia llama a una patrulla para que frene o detenga la vía completa. Como explican a este lector de Los Angeles Times, la mayoría de las veces no suele ser por un accidente sino por un animal muerto, una llanta rota como la del vídeo o una avería como la que yo presencié.

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Autopistas de California. © Manuel Saga

Este evento activó algo dentro de mi cabeza. Me hizo ser consciente de la magnitud de la infraestructura que estaba recorriendo. La había visto mil veces en mil películas, sabía que los californianos tienen cierta obsesión con los coches y el tráfico, pero en realidad no tenía ni idea de su magnitud. Cientos de millas de paisajes increíbles que son posibles gracias a esta bestia. No dudo de su impacto ambiental, pero al fin y al cabo California es como Andalucía: un paisaje agrícola hecho por el hombre para el hombre.

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Autopistas de California. © Manuel Saga

La cosa cambia un poco según nos acercamos al Downtown. Las colinas dan paso a un mar de arquitecturas infinitas sobre las que destacan las torres de vidrio y los “tinglados decorados”.  Una ciudad que se inventa a sí misma, renegando de su pasado colonial castellano para convertirse en escenario de cualquier cosa que la imaginación sea capaz de concebir. Lo que hoy imaginamos de una forma, mañana la imaginaremos de otra. La ciudad de los felices cincuenta dejó un rastro imborrable en Los Angeles, pero también existe la ciudad de edificios de oficinas sobrios y señoriales. La ciudad de arquitecturas que se derriten y se vuelven amebas. Por supuesto la del palet y los espacios “reinventados”. La próxima ola también pasará por esta Metrópolis, ya lo veréis, y ahi estará la autopista para que desde ella podamos contemplarla.

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Autopistas de California. © Manuel Saga

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About The Author

Manuel Saga

Administrador de blogURBS. Arquitecto egresado por la Universidad de Granada. Asistente Graduado de Investigación en la Universidad de Los Andes, Bogotá. Desarrolla un trabajo constante en investigación sobre teoría del arte, patrimonio hispano-musulmán, estudios urbanos y modos de divulgación. http://about.me/manuelsaga

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