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Lugar y acción

Juana Leal - Hernán Ortiz 18 noviembre, 2014

Estudiar arquitectura en el tiempo que vivimos no es una decisión sencilla: además de la crisis y la incertidumbre respecto al futuro profesional, hay un trasfondo más complejo que sacude a toda generación de profesionales en el oficio. Esta realidad compleja, que con empeño muchos se esfuerzan en desconocer y mirar de reojo, es la ciudad. Por más herramientas sofisticadas y teorías ultra cool que aprendamos, este monstruo ultra real nos sorprende diariamente con situaciones ante las cuales nuestro título con honores sirve de poco y nada.

¿Quién ha logrado desatascar el tráfico en hora pico o desocupar un vagón de Transmilenio invocando a Rossi, Koolhas o Le Corbusier?

El punto no es si sus teorías sirven o no, el punto es que la ciudad nos reta en nuestra calidad de ciudadanos todos los días, y ser arquitecto debería dar unos puntos extras, pero muy pocas veces utilizamos nuestro conocimiento en la búsqueda de soluciones prácticas para la ciudad. En cierta forma, trabajar Acciones Urbanas desde la Universidad de Los Andes (Bogotá) nos ha permitido salir del escenario ideal y enfrentarnos a algunas situaciones que pueden ayudar a formar arquitectos más conectados con la realidad, sobre todo cuando las cosas salen mal.

ACCION1bParque de bolsillo en el centro histórico de Bogotá. Fuente: Google Earth.

El papel todo lo aguanta, pero la ciudad no

Durante semanas un grupo de estudiantes trabajó en un parque de bolsillo ubicado en el centro histórico de Bogotá, justo contra un conjunto residencial con más de 500 habitantes, comercios y viviendas unifamiliares. La propuesta era reactivar el parque a través de cinco jornadas de trabajo con “la comunidad”. A pesar de la concienzuda campaña de convocatoria, a estas jornadas no asistieron más de diez residentes del sector. ¿Tiene lógica esta reacción en la localidad con el menor índice de espacio público por habitante en Bogotá? ¿Qué falló? ¿Se idealizó la idea de comunidad?

ACCION2bAcción lúdica en el espacio urbano de Bogotá. Fotografía de Ixa Bachman y Laura Chaverra.

Para divertirse en la ciudad hay que pagar

Una reacción constante en las acciones urbanas que se concentran en generar una actividad lúdica en el espacio público es la del ciudadano precavido ante la novedad y predispuesto a encontrar algo negativo en cualquier elemento que rompa la monotonía. Un grupo de estudiantes transformó unas bancas de hormigón, situadas en medio de una plaza muy transitada por niños, en un laberinto de colores. Los estudiantes se sorprendieron al ver cómo muchos de los padres esquivaban el lugar. Los que finalmente se atrevían a acercarse no lo hacían sin preguntar antes si entrar al laberinto tenía algún coste.

ACCION3bAcción Urbana en el barrio de Fenicia, Bogotá.

La informalidad formalizada 

En otro caso, los estudiantes decidieron, a la manera de un Parking Day, ocupar el espacio tradicionalmente empleado (de manera ilegal) como estacionamiento en paralelo a una calle del centro histórico de la ciudad. Se utilizó mobiliario sencillo y una estructura que contrastaba el espacio ocupado por un automóvil estacionado con el espacio de la actividad humana en la que se consolida la función social de la calle. En este espacio se invitó a los vecinos, dueños de comercios y transeúntes a apropiarse de la ciudad, con el gesto de la ocupación, del andar y de la escritura sobre el suelo.

La intervención generó un corredor peatonal que funcionó aún finalizada la experiencia: éxito… Sin embargo, algunos usuarios habituales de la calle comentaban que esta ocupación no era “legal” y que debía ser autorizada por la alcaldía local o por entes administradores del espacio público, oponiéndose fervientemente a la acción mientras reclamaban el derecho a estacionar (ilegalmente) en el borde de la acera. De a poco, el corredor peatonal desapareció y los vehículos reclamaron su derecho «natural» a estacionar en un sitio prohibido. La informalidad e ilegalidad tradicional del uso de la calle como estacionamiento gratuito prevaleció mientras que la informalidad de la iniciativa ciudadana fue satanizada y eliminada.

La complejidad de las Acciones Urbanas en una ciudad como Bogotá se hace evidente en los tres casos. Surge un serio cuestionamiento respecto a la comprensión del sentido comunitario, cívico y hasta social de los bogotanos en términos de su relación con la ciudad. Se abren más interrogantes de los que se pueden cerrar tras intervenir lo público desde la academia, pero al final del día, es la reflexión sobre esos interrogantes el proceso que permite realmente formular (y reformular) el papel del arquitecto -en formación- en la ciudad.

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http://parkingday.org

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