El concepto de Reserva Cognitiva surge con la necesidad de explicar las diferencias individuales que se observan cuando una persona se enfrenta a condiciones neurológicamente o cognitivamente adversas (demencias, epilepsias, daño cerebral, etc). En la explicación a esta variabilidad pueden encontrarse factores, genéticos, ambientales, comportamentales.
De hecho, el modelo que más nos convence, es el propuesto por Stern (2009). La Reserva que posee un individuo viene determinada por su reserva cerebral (genética, anatómica, etc) y su re reserva cognitiva (ambiente, comportamiento, etc) que no es otra que la plasticidad cerebral y la capacidad para establecer nuevas o reforzar conexiones sinápticas.
Y esta capacidad comienza a reflejarse en la forma en la que ejecutamos diferentes tareas.
Muy recientemente una publicación en Frontiers in Aging Neuroscience, demostró mediante registro de Magnetoencefalografía que los participantes con bajos niveles de reserva cognitiva necesitaron un mayor esfuerzo cerebral que aquellos que tenían un nivel más alto. Este esfuerzo extra se asocia con una peor eficiencia cognitiva ya que la persona en cuestión utiliza más energía y más conexiones cerebrales de las necesarias. De esta forma, los participantes con baja reserva presentan una mayor conectividad neuronal en las regiones cerebrales anterior (prefrontal) y posterior (temporal, parietal y occipital), en comparación con aquellos con una reserva alta (Bajo, 2014)
Sin embargo, este concepto a todas luces, tan relevante, cómo se mide? ¿Cuánta reserva tengo yo? Como ocurre en muchas ocasiones en la Psicología, inventamos un constructo y luego nos embarcamos en la difícil tarea de medirlo y cuantificarlo. Este es el trabajo que lleva realizando nuestro grupo (Juan García, Lola Roldán e Irene León) desde hace 6 años, cuando nos planteamos elaborar un cuestionario, una medida que se saliese un poco de las estimaciones que se realizaban hasta el momento: nivel educativo, profesión, puntuación en la prueba de Vocabulario del test WAIS.
La escala (enlace) que aún se encuentra en estado de baremación, es el resultado de nuestro trabajo y se encuentra disponible para los investigadores y clínicos que deseen usarla. Así mismo, está traducida a lengua inglesa.
Existe una versión hispana, que se está validando en la actualidad (Colombia).