La construcción del Aljibe de la Alhambra, además de ser la primera gran intervención en este conjunto urbano y arquitectónico tras la conquista de Granada en 1492, constituye una de las empresas más importantes. Su construcción de una obra de esta naturaleza formaría parte de un proyecto más amplio, cuya repercusión final no podemos medir, tendente a la activación de un programa de avecindamiento dentro de las murallas de la antigua ciudad palatina, ante lo cual se explica la puesta en marcha de obras y reformas de cierto calado. Por tanto, podemos considerar la construcción de este Aljibe como uno de los primeros proyectos que se realizan en la Alhambra con vistas a su permanente habitabilidad.

En un escrito de 1605, dirigido al rey Felipe III, en relación con la decisión de vender el agua del Aljibe a los aguadores de Granada para que éstos, a su vez, la vendiesen en la ciudad, se afirma lo siguiente:

En el Alhambra de Granada tiene vuestra majestad un aljibe el mejor que se conoce en el mundo así en su edificio y capacidad como en hacer y conservar el agua tan fría que sirve por nieve y muy limpia y clara; el cual mandaron hacer los señores Reyes Católicos, de gloriosa memoria, luego que ganaron aquel Reino, así para regalo como para prevención de que sí en algún tiempo de necesidad o cerco faltase el agua, que entra en el Alhambra por una acequia tomada en el nacimiento del río Darro que viene por mas de legua y media guiada por el cerro que llaman de Santa Elena, hubiese en el dicho aljibe agua bastante para mucho tiempo y mucha gente que puede encerrarse en la dicha Alhambra.

La palabra aljibe, en árabe al-yubb, es sinónimo de cisterna o depósito, generalmente subterráneo, para el aprovisionamiento, almacenamiento y suministro del agua que se obtenía a partir de fuentes o manantiales o como resultado de la recogida de las aguas derivadas de las lluvias estacionales. Los aljibes constituyen una de las expresiones más acabadas de una cultura, como la mediterránea, en la que el agua y su aprovechamiento representan todo un reto. No extraña, por tanto, que la ubicación, construcción, mantenimiento y conservación de estos aljibes se considerase un asunto prioritario del que en buena parte dependía la estabilidad y supervivencia de cualquier territorio.

El Aljibe de la Alhambra es una estructura de planta rectangular de 34 metros de longitud por 6 metros de ancho y aproximadamente 8 metros de altitud, formada por dos naves cuya comunicación se realiza por medio de seis puertas de arcos semicirculares.

En sus lados menores presenta dos cuerpos de escaleras de doble ángulo. En uno de ellos, considerado como el de entrada, se localiza un pequeño receptáculo cubierto con una bóveda esquifada, destinado a recoger el agua que desde allí pasa directamente al interior del aljibe. En el extremo opuesto se halla otra escalera cuyas paredes están abiertas por medio de pequeños arquillos de medio punto para facilitar la comunicación del agua. La cubierta se realiza con bóvedas de cañón reforzadas por arcos fajones que apoyan sobre pilares dispuestos en los muros perimetrales y en el muro de separación de sus dos naves. En las claves de estas bóvedas había, antiguamente, lumbreras de forma circular que ahora se encuentran tapadas. La obra, de construcción bastante sólida, está realizada en ladrillo. Al exterior sólo es visible la boca de entrada, ya que las alteraciones y modificaciones que ha sufrido esta zona desde sus inicios en el siglo xvi hasta comienzos del xx, han transformado por completo su imagen original.

El Aljibe tiene una capacidad máxima de acumulación de unos 1.632 metros cúbicos de agua, siendo uno de los más grandes que se conservan en toda España, al tiempo que explica de forma clara la intención y objetivos que determinaron su construcción, es decir, disponer de un gran depósito que no sólo fuera capaz de asegurar el suministro de la propia Alhambra sino de una buena parte de la ciudad.

En cuanto a la fecha de su construcción, como ya se ha indicado, constituye probablemente la primera gran empresa que lleva a cabo Íñigo López de Mendoza, segundo conde de Tendilla, primer marqués de Mondéjar, Capitán General del Reino de Granada y alcaide de la Alhambra en el marco de sus obligaciones.

La principal referencia que nos permite situar su construcción en los inicios de la Alhambra cristiana la encontramos en el relato del Viaje por España y Portugal escrito por Jerónimo Münzer tras su paso por el Reino de Granada en 1494. Estando, pues, en Granada, una de sus visitas obligadas consistió en la subida a la Alhambra. Allí fue recibido por el conde de Tendilla, que en persona se encargó de mostrarles la fortaleza y sus principales estancias, ante lo cual afirmó lo siguiente:

Hay en los palacios tanta belleza, con las cañerías de agua con tanto arte dirigidas por todos los sitios, que no se da nada más admirable. A través de un altísimo monte, el agua corriente es conducida por un canal y se distribuye por toda la fortaleza. Asimismo, el conde, noble caballero, al salir del alcázar, nos condujo a un aljibe, nuevo y cuadrado, tan grande como la Iglesia de San Sebaldo, que hizo construir en este mismo año, con gasto de diez mil ducados. Obra tan estupenda, que no se da más.

En cuanto a su funcionamiento y mantenimiento, la documentación existente al respecto nos dice que una vez al año, casi siempre durante el mes de enero, se procedía a vaciarlo para limpiarlo en profundidad de cara a eliminar todas las impurezas, suciedades y verdín acumulado, quedando listo de nuevo para empezar a recibir agua de la Acequia del Rey.

Su construcción, a expensas del conde de Tendilla, debe ser entendida en el marco general de las actuaciones que orientan y dirigen las intervenciones en el conjunto defensivo y palatino de la Alhambra a tenor de las nuevas circunstancias que se establecen en la ciudad después de 1492. La Alhambra se va a convertir en un espacio esencial de la Granada cristiana; de ahí que resultara conveniente fortalecer su estructura y asegurar su defensa. En este contexto, la preocupación por asegurar las reservas y disponibilidad de agua constituye una operación de especial trascendencia.

A iniciativa suya se debe la construcción del aljibe o cisterna más importante de la fortaleza y aún de toda la ciudad, ya que fue el conde de Tendilla, a quien los monarcas habían dejado al frente de la Alhambra, el que mandó hacer esta obra construida en un barranco, ahora inexistente, entre la Alcazaba y el resto del recinto respondiendo así a fines eminentemente. Como testimonio documental de su directa participación no sólo tenemos la constancia hecha por Jerónimo Münzer que al visitarlo en octubre de 1494 señala ser obra del conde a quien había costado diez mil ducados; también se declara su participación en el contenido de una lauda conmemorativa que en la actualidad está colocada al salir de la Puerta de la Justicia, justo al lado de un pequeño retablo dedicado a la Virgen de la Antigua. Allí se encuentra esta placa desde 1599, al ser quitada de uno de los muros del aljibe con motivo de las obras de relleno que acabarían enterrando la estructura de esta obra arquitectónica. En ella se puede leer, en letras embutidas de plomo, lo siguiente:

LOS CATHOLICOS Y MUY PODEROSOS SEÑORES DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL REY Y REYNA NUESTROS SEÑORES, CONQUISTARON POR GUERRA DE ARMAS ESTE REYNO Y CIUDAD DE GRANADA LA QUAL DESPUÉS DE HAVER TENIDO SUS ALTEZAS EN PERSONA SITIADA MUCHO TIEMPO EL REY MORO MULEY HACEN LES ENTREGÓ CON SU ALHAMBRA Y OTRAS FUERÇAS A DOS DIAS DE ENERO DE MILL Y CCCCXCII AÑOS. ESTE MISMO DIA SUS ALTEÇAS PUSIERON EN ELLA POR SU ALCAYDE Y CAPITAN A DON IÑIGO LOPEZ DE MENDOÇA,  CONDE DE TENDILLA, SU VASALLO AL QUAL PARTIENDO SUS ALTEÇAS DE AQUÍ DEXARON EN LA DICHA ALHAMBRA CON QUINIENTOS CAVALLEROS E MIL PEONES, E A LOS MOROS MANDARON SUS ALTEÇAS QUEDAR EN SUS CASAS EN LA CIUDAD Y SUS ALCARIAS COMO PRIMERO ESTAVAN. ESTE DICHO CONDE POR MANDAMIENTO DE SUS ALTEÇAS HIZO HAZER ESTE ALGIBE.

Sobre la autoría directa de este importante proyecto, tenemos que pensar en maestros u obreros de origen morisco procedentes, casi con toda seguridad, del Levante peninsular cuyos pagos resultan abundantes en la documentación de esos primeros años. Uno de ellos pudo ser el maestro de aljibes Francisco el Valençí, que aunque no aparece en los libramientos y gastos de las obras reales de Granada hasta 1504, más de una década después de su construcción, desde entonces estará estrechamente vinculado al conde de Tendilla en obras de esta misma naturaleza. Así, esas primeras referencias lo sitúan trabajando a finales de 1504 en Castell de Ferro con motivo de la construcción de un aljibe para la fortaleza de esta localidad, cuyas características tipológicas bien pueden ponerse en relación con el Aljibe de la Alhambra.

El profesor Lázaro Gila ha podido documentar en su libro sobre Maestros de cantería y albañilería en la Granada moderna, que a finales de esa primera década firma también un contrato de obra junto con el albañil Juan de Rojas por el que los dos se comprometen a hacer ciertas obras en un baño cerca de la Casa de la Moneda. Ese mismo año haría también, aunque según parece muy a pesar suya, el aljibe que hay en el patio del Castillo-palacio de la Calahorra (Granada). La fama de tirano y mal pagador que se había ganado Rodrigo de Vivar y Mendoza, marqués del Cenete y señor de aquel castillo, cuyo interior es uno de los primeros palacios del Renacimiento en España, se traduce en los recelos de los maestros y artistas que el conde de Tendilla envió allí para trabajar en sus obras tal y como se pone de manifiesto en el registro de correspondencia del alcaide de la Alhambra.

En 1511, según consta en uno de los protocolos del Archivo del Ilustre Colegio Notarial de Granada, firma con Juan de Rojas un contrato para realizar ciertas obras de albañilería en las casas del comendador Diego Pérez y en 1513 se compromete a hacer un aljibe para Iñigo López de Mendoza en Valhermoso de Tajuña, pueblo perteneciente a su señorío de Tendilla (Guadalajara). Todavía, en 1517, haría el Valençí el aljibe del castillo que Pedro Fajardo mandó construir en su villa de Vélez Blanco (Almería).

El propio conde de Tendilla llegó a reconocer sus cualidades en este oficio al afirmar en una ocasión estar «tan atado a este que pienso que no ay otro en el mundo que sepa de aquello nada», quedando incluso exento del pago del servicio o impuesto de la farda al que estaban obligados los árabes y judíos España. Tal exención se justifica por su condición de maestro de la Casa Real de la Alhambra, a la que pudo haber estado vinculado desde el mismo momento, si es que pudiera llegar a confirmarse, que hizo para el alcaide de aquella fortaleza y Capital General de aquel Reino el aljibe que se encuentra entre la Alcazaba y el Palacio de Carlos V de Granada.

Autor: Juan Manuel Martín García

Bibliografía

DOMÍNGUEZ CASAS, Rafael, Arte y etiqueta de los Reyes Católicos: artistas, residencias, jardines y bosques, Madrid, Alpuerto, 1993.

GALERA MENDOZA, Esther, Arquitectos y maestros de obras en la Alhambra (siglos XVI-XVIII), Granada, Editorial Universidad de Granada y Patronato de la Alhambra y el Generalife, 2014.

MARTÍN GARCÍA, Juan Manuel, Iñigo López de Mendoza. El Conde de Tendilla, Granada, Comares, 2003.

MARTÍN GARCÍA, Juan Manuel, “El Aljibe de la Alhambra de Granada: historia de la construcción”, en HUERTA FERNÁNDEZ, Santiago (coord.), Actas del Cuarto Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Madrid, 2005, vol. 2, pp. 729-740.

MARTÍN GARCÍA, Juan Manuel, “Los inicios de la Alhambra cristiana: la alcaidía del conde de Tendilla (1492-1515)”, en CRUZ CABRERA, José Policarpo (coord.), Arte y cultura en la Granada renacentista y barroca: la construcción de una imagen clasicista, Granada, Editorial Universidad de Granada, 2014, pp. 123-155.

MARTÍN GARCÍA, Juan Manuel & PEINADO SANTAELLA, Rafael G., “Don Íñigo López de Mendoza. 2nd Count of Tendilla and 1st Marquis of Mondéjar”, en The Tendilla. Lords of the Alhambra, Granada, Patronato de la Alhambra y el Generalife, 2016, pp. 30-38.

2018-01-26T12:19:17+00:00

Título: Íñigo López de Mendoza (II Conde de Tendilla, I Marqués de Mondéjar). Capitán General del Reino de Granada y Alcaide de la Alhambra. Fuente: CARDERERA, V., Iconografía Española…, Madrid: Impr. de R. Campuzano, 1855-1864 [...]