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PFT (posproducción+ficción+temporalidad) Tres ideas sobre la ciudad contemporánea

Ignacio Grávalos y Patrizia Di Monte (estonoesunsolar) 20 enero, 2015

La posproducción

“Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos”. [1]

Así empezaba J.G. Ballard su Credo particular, realizado en 1984. La primera frase da ya una pista de una nueva manera de pensar la ciudad contemporánea. Contiene la visión de un mundo ya inventado pero que es necesario transformar. Esto implica la conciencia de agotamiento de un planeta hiperfabricado, saturado de elementos. Muchos de ellos, ya carentes de valor, han sido eliminados de la circulación en una realidad caracterizada por la inmediatez y la renovación permanente, lo que Zygmunt Bauman denomina “la necesidad de eliminar y remplazar” [2]. Forman una larga lista de objetos en desuso, abandonados y olvidados que sólo encuentran su sentido en su propia acumulación y posterior desecho.

Subyace también una consideración sobre la incursión de estos elementos (llámense objetos, edificios, solares, ciudades enteras; también tiempo libre, información, relatos…) en un nuevo ciclo de vida, una segunda oportunidad para incorporarlos nuevamente a la realidad. Exige, según Ballard, una actitud propositiva, imaginativa, capaz de arrojar miradas inéditas sobre lo existente, sobre lo anticuado y lo obsoleto. Las variables para construir un nuevo mundo están ya dadas y sólo cabría encontrar el algoritmo necesario, interpretar de otro modo los códigos de la complejidad. Pero esta vez, será necesario incorporar lo cotidiano, lo banal o lo intrascendente para crear un nuevo inicio. Aparece una dialéctica contemporánea entre el universo de la miseria y el poder de la imaginación. En ese contexto, ya no es tan importante seguir produciendo ciudad, sino encontrar canales para pos-producirla. Reciclar sus vacíos, encontrar resquicios, oportunidades, darles un sentido nuevo. Se trata de una exaltación de la reconstrucción, pero no partiendo de una tabula rasa, sino incorporando lo aprendido y lo ya generado. Una concepción de la posproducción como actitud capaz de crear una nueva disyuntiva que proponga desvíos en un camino previsible, una estrategia para burlar la entropía, es decir, la muerte.

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Reconversión del aeropuerto Chopin en granja. Montaje de Grospierre&Laksa. León de Oro de la Bienal de Venecia de 2008. Fotomontaje que imagina el futuro de un aeropuerto recientemente inaugurado en Varsovia. (Imagen tomada de www.grospierre.art.pl)

 

Las ficciones

“Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica” [3].

Presenta también una actitud onírica, muy vinculada a planteamientos surrealistas y en cierto modo situacionistas, para “asegurarnos el secreto de los locos”, en el que la existencia humana viene caracterizada por la búsqueda de pretextos para esquivar la lógica positivista. Los primeros experimentos urbanos realizados en ese sentido se producen a través del pasear (el paseante como descubridor urbano), de transitar por una ciudad que va reinventándose en cada paso, buscando márgenes o repliegues de lo planificado, produciendo lo que Michel De Certeau llama “retóricas peatonales” [4]. Un paseo que escenifica la rebelión del ciudadano, las sutiles bifurcaciones hacia lo imprevisto.

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The Naked City. Guy Debord, 1957. (Imagen tomada de www.frac-centre.fr)

Ballard, con su corrosión característica, también nos muestra una dimensión científica y tecnológica que deshumaniza el mundo. En ese contexto, es un autor que ha plasmado grandes dosis de escepticismo y acidez en sus numerosos relatos, que configuran un futuro escalofriante, pero veraz. Un futuro que inició imaginando en la década de los sesenta, y que actualmente se nos presenta con una hiriente actualidad, con “las intenciones asesinas de la lógica” travestida por el saber de una ciencia que no logra transformar las ingentes cantidades de información en una sociedad más justa. Estos relatos, interpretados en su día como una ciencia-ficción, nos revelan la eficacia de las ficciones del ayer en la configuración del presente.

Las oscilaciones del presente

“Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente” [5].

Ballard, después de haber transitado por los paisajes del futuro, pone el acento en la legitimación del presente. Rehuye el pasado (aniquilado por la modernidad) y desconfía del porvenir (un viaje del que ya ha regresado). Un futuro lastrado por las expectativas del progreso que en la actualidad nos ha sido definitivamente robado y que Gilles Lipovetsky ha venido a llamar “el apagón de las representaciones del futuro” [6]. La vida como una sucesión de presentes, como una apología de lo instantáneo. La aceleración de la historia, la velocidad de los acontecimientos y la oscilación del tiempo ha ido desplazando la “constitución de memorias colectivas y también la geografía material o mental que puedan corresponderles” [7]. Se han producido numerosas interferencias en la topología mental, ya no existen verdades duraderas.

No debemos esperar, y esa es otra de las claves que nos ofrece Ballard. Propone una revalorización del presente, del “mientras tanto”, del aquí y el ahora, una apología de la acción, del movimiento. Una acción cargada de una significación existencial, que sería revalorizada intelectualmente por Hannah Arendt [8], como específica de la condición humana para crear un nuevo comienzo. Tanto De Certeau como Arendt ponen al ciudadano en la primera línea de acción. Jamás antes los procesos de participación ciudadana, palabra y acto, expresión genuina de la pluralidad, habían estado tan enraizados en la sociedad. Aquellos movimientos subversivos iniciados en los años sesenta tienen hoy un rol de normalidad, de activismo que ha exigido el derecho del ciudadano a ser libre.

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Green Guerrillas. Nueva York, 1973. (Imagen tomada de www.elcontumismo.blogspot.com.es)

El activismo, la concienciación de la sociedad civil, ha provocado la aparición de unos paisajes inéditos, inesperados, que han ido reapropiándose de restos olvidados de la ciudad. En este caso, son espacios derivados de un producto de interacción social, no al revés. Son espacios que intentan recuperar una identidad perdida y que funcionan como escenarios de intercambio, espacios afectivos donde conviven las obsesiones individuales bajo una voluntad colectiva. Y ese transitar de flujos urbanos es lo que lo convierte en un espacio concreto, en un lugar. La suma de las pequeñas micro-intervenciones provocan en sí mismas pequeñas transformaciones del mundo que aseguran la pervivencia de interacciones, de la diversidad, de espacios urbanos cohesionados y seguros, que condensan los deseos individuales en nudos urbanos. Espacios que producen señales de pertenencia y combaten el miedo a estar solos.

Muchas de las acciones emprendidas por los ciudadanos al margen de lo planificado están caracterizadas por la temporalidad. Seguramente, la posición privilegiada del presente elimina cualquier pretensión de estabilidad. Pero, a su vez, estas acciones evanescentes aligeran el peso de la permanencia o del fracaso, pudiendo ser sustituidas, en su caso, por otro inmediato presente. Paradigmático resulta el proyecto de Green Guerrilla impulsado por Liz Christy en New York en los años setenta, iniciando una pequeña revolución verde en la ciudad, a través de la implantación de jardines comunitarios en solares abandonados.

La supresión del futuro parecería bloquear cualquier intento de sueño colectivo, la desarticulación de referencias. Sin embargo, la sociedad civil reacciona mediante acciones de proximidad, creando vínculos de cohesión. La dimensión electrónica del presente, esta vez humanizada, reactiva muchos de ellos. Y en este contexto, tanto el pasado como el futuro resultan innecesarios, el presente lo contiene todo. Ballard siempre tiene la razón, “Creo en los próximos cinco minutos”.

Imagen de portada

Hashima Island. Japón. En 1959, disponía de una de las mayores densidades de población del mundo. Actualmente, está deshabitada. (Imagen tomada de www.elafter.com)


[1] Ballard, James Graham, “What I believe”. Science Fiction #1, enero 1984.

[2] Bauman, Zygmunt. Vida de consumo. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2007.

[3] Ballard, J. G. op.cit.

[4] De Certeau, Michel. La invención de lo cotidiano. México, Universidad Iberoamericana, 2007.

[5] Ballard, J. G.. Op. Cit.

[6] Lipovetsky, Gilles. Los tiempos hipermodernos. Barcelona, Anagrama, 2006.

[7] Augé, Marc. Hacia una antropología de los mundos contemporáneos. Barcelona, Gedisa, 1995.

[8] Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona, Paidós, 2005.

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Ignacio Grávalos y Patrizia Di Monte (estonoesunsolar)

Ignacio Grávalos. Arquitecto por la ETSAB, Master en Investigación y Formación Avanzada en Arquitectura de la USJ. Profesor de la Universidad San Jorge. Patrizia Di Monte. Arquitecta por la IUAV, Master Gran Escala de la ETSAB. Ha sido profesora de Urbanismo y Arquitectura Social en la Universidad San Jorge. Fundan gravalosdimonte arquitectos en 1998 en Zaragoza. Combinan la actividad profesional con la docente. Profesores invitados en numerosas universidades y foros internacionales. Desarrollan proyectos culturales, que abarcan desde el arte a la arquitectura, estrategias de regeneración urbana, paisajismo, arquitectura participativa y urbanismo sostenible y de emergencia. Son los autores intelectuales del programa experimental “estonoesunsolar”, de intervención temporal en solares abandonados. http://www.gravalosdimonte.com/

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