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¿Colaborativa o inteligente? La ciudad entre dos imaginarios

Valérie Peugeot 18 Enero, 2017

[…] la cuestión de la producción de la información, así como su almacenamiento, control y reutilización, se encontrará en el futuro corazón de la ciudad del mañana. La ciudad del mañana –se conozca como ciudad inteligente, de transición, colaborativa o en común– producirá cada vez más información, ya sean datos (cantidades de residuos domésticos, migración, herramientas de geolocalización, medición del impacto energético, etc.) o contenido (archivos de la ciudad, proyectos urbanos, etc.), hasta el punto de que parece más relevante y menos prescriptivo hablar de data city en lugar de smart city.

La socióloga Saskia Sassen [i] afirma que las infraestructuras de la ciudad son accesibles siempre que los ciudadanos que las utilizan estén comprometidos con su ciudad. Estas infraestructuras han estado soterradas durante mucho tiempo. El agua, el gas, la electricidad, el alcantarillado, después el metro… han tejido las entrañas de la ciudad durante un siglo y medio. Sin embargo, las calles y las plazas han sido espacios esencialmente públicos, de intercambio y sociabilidad, equipados y densificados, bañados por la luz, que entra en ellos junto con la seguridad. Dos fenómenos contribuyen a sumir a la ciudad en el reino de lo invisible. Por un lado, la difusión de los sensores por las obras de arte, los bastidores, los objetos móviles e inmóviles que pueblan la ciudad, etc. Las infraestructuras no solo se han miniaturizado (la aparición de las NEM –nuevas entidades moleculares– y de los nanosensores ha acentuado el fenómeno), sino que además se han borrado y solo los que las han implementado o están capacitados para recibir su “voz de retorno” saben dónde están. Por otro lado, las redes sociales y servicios en línea añaden un nuevo espacio público informativo también invisible, que llevamos con nosotros a través de nuestros teléfonos móviles, en nuestros desplazamientos por la ciudad, una especie de “burbuja personal”, que el sociólogo Dominique Boullier [ii] denomina habitèle (identidad numérica móvil). Un habitèle que, según él, cambia nuestra presencia en la ciudad y afecta a nuestra experiencia urbana.

¿Cómo puede la democracia urbana organizar esta doble invisibilidad? Nuestra hipótesis es que el intercambio de información por, para y sobre la ciudad es la piedra angular de la democracia de la era digital actual. Una participación en el sentido pleno, es decir, no solo de acceso, sino un derecho de reutilización. Una hipótesis que sin duda no deja de plantear muchas preguntas: la data city sería el resultado de una multiplicidad de datos de diferentes orígenes.

City of big data exhibit by Daniel X. O’Nell via Flickr

Como ya se ha comentado anteriormente, los datos de la ciudad hoy en día provienen de varias fuentes principales: del propio municipio, que, por supuesto, es el primer productor; de las empresas que prestan los servicios públicos (transporte y estacionamiento, en particular) o que gestionan las “utilities” (agua, energía, etc.) y que cada vez despliegan más dispositivos de comunicación (por ejemplo, sensores de aparcamiento en la calle, contadores, etc.), y de las personas, que también pueden producir datos de manera consciente y voluntaria (por ejemplo, la indicación por parte de los contribuyentes a los canales de bomberos de las ciudades en los mapas colectivos de OpenStreetMap), o en forma de rastros más o menos conscientes (geolocalización, intercambios en las redes sociales o en los servicios locales a través de plataformas en línea, registro de llamadas, etc.).

¿Hasta qué punto dichos datos pueden y deberían ser compartidos? Al amparo del movimiento de apertura de datos (open data), los datos de los municipios se extraen de su propósito original para ser compartidos con terceras partes, los ciudadanos y las empresas. Aunque el movimiento de apertura es lento, parece establecerse permanentemente en el tiempo; cada vez más las autoridades locales hacen uso de estos datos [iii]. Los datos producidos por los residentes de manera voluntaria se vierten en plataformas colectivas que les garantizan por licencia el estatuto de un bien común: compartidos de manera voluntaria y asegurados a cambio de beneficiar al mayor número de personas. Ambas fuentes de datos compartidos forman parte de una aproximación más distribuida a la ciudad; su reutilización no es prerrogativa de sus productores, sino que está al alcance de todos.

Bus wrapped with SAP Big Data parked outside IDF13 by Intel Free Press via Flickr

Pero ¿qué sucede con los datos producidos por los dispositivos de comunicación instalados en objetos e infraestructuras físicas de la ciudad y los datos de rastros asociados a las sociabilidades o a la movilidad local? ¿Deben reservarse para un uso exclusivo de la empresa que los recoge y, si es necesario, del municipio? ¿Es posible que estos datos se puedan monetizar mediante la venta a terceros para otros fines? ¿No asistiríamos entonces a una forma de encierro de la información urbana, vector con las PPP (public private partnership, compañía pública privada) de una privatización de las ciudades, como sostiene la economista urbana Isabelle Baraud-Serfaty [iv]? ¿O bien deben también convertirse en datos abiertos, para que terceras partes, empezando por los ciudadanos, y también para pequeñas empresas emergentes e innovadores de todo tipo puedan apoderarse de estos datos con el fin de imaginar otros servicios? Y en este caso, ¿cuál es, para la empresa prestadora, el modelo de negocio asociado a la recopilación y el intercambio de datos? ¿Se podrían concebir regímenes mixtos, con datos fríos gratuitos y datos en tiempo real de pago, o sistemas de umbral? ¿O en su lugar, debemos dar la espalda a los mercados de datos y volver de nuevo a una economía basada en los servicios? [v] ¿Podemos definir ontologías de datos que ab initio tendrían vocación de participar en los bienes comunes?

Mientras las promesas de un nuevo el dorado económico poblado por grandes masas de datos van en aumento, y las industrias, sobre todo las que trabajan para la smart city, desarrollan sus modelos de negocio del mañana bajo esta hipótesis, es el momento de plantear colectivamente la cuestión de la utilización de la ciudad como se refleja en el espejo de sus datos. La ciudad aparece como una nueva área de inscripción de las tensiones que recorren la innovación del siglo XX, del modelo distribuido y ascendente frente al modelo centralizado, dos imaginarios diferentes que se entrecruzan en el diseño de la ciudad aumentada por sus tecnologías y sus datos. Esta tensión nos hace recordar los enfrentamientos anteriores que han marcado la historia del urbanismo moderno; que nos obligan a revisar la cuestión de la gobernanza de la ciudad a la luz de la producción, gestión y circulación de la información digital que se le atribuye. Los datos se encontrarán mañana en el corazón de los valores económico, social y cultural producidos por la ciudad. En este contexto, las condiciones de coproducción y distribución de este valor, por y para las empresas, las autoridades, la sociedad civil y los ciudadanos, se convierten una cuestión de poder. Fortalecer la democracia local consiste en asegurarse de que no hay un “maestro de datos”, público o privado, sino que esta riqueza de información circula entre todos los agentes que tejen la ciudad.


Publicado originalmente en URBS 6(2), número especial sobre Smart Cities: realidades y utopías de un nuevo imaginario urbano.

La imagen de portada es Dollar Bill Eye of Provicence by Mark Turnauckas via Flickr


[i] Saskia Sassen (1991). The global city. New York: Princeton University press

[ii] Dominique Boullier (2011). Habitèle virtuelle. Revue Urbanisme, 376, 42-44.

[iii] Simon Chignard (2012). L’Open data: Comprendre l’ouverture des données publiques. Limoges: FYP Editions.

[iv] Isabelle Baraud-Serfaty (2011). La nouvelle privatisation des villes. Esprit, 3, mars-avril, 149-167.

[v] “Données personnelles: sortir des injonctions contradictoires”, Valérie Peugeot, Vecam, 04/2014, http:// vecam.org/article1289.html

Big Data by Dennis van Zuijlekom via Flickr – Dutch supercomputer Cartesius by Bull

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About The Author

Valérie Peugeot

Valérie Peugeot, nacida en 1964, tiene una formación en derecho y ciencias políticas. Trabaja dentro del laboratorio de ciencias humanas y sociales de Orange Labs, donde está encargada de los proyectos de prospectiva. Dentro del marco de los “digital studies”, sus investigaciones cubran temas como la economía colaborativa, el papel de la data en la economía digital y los big data, los dispositivos digitales que pueden contribuir a cambiar los modos de vida de manera más sostenible… Esta también involucrada en una asociación, llamada Vecam, que, desde hace veinte años, descifra los desafíos sociales y políticos vinculados a las tecnologías digitales. Vecam participa activamente en los movimientos promotores de (los bienes) comunes, con la intención de renovar de la ciudadanía y abrir una nueva perspectiva política para afrontar los retos de un mundo en transición. Por otra parte, después de haber sido entre 2013 y 2015 Vice Presidente del Consejo Nacional Digital, estructura que aconseja al gobierno francés sobre sus políticas digitales, se incorporó a la CNIL, Comisión Nacional sobre Informática y Libertades, la Agencia de Protección de Datos francesa, en abril de 2016.

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