{"id":998,"date":"2018-05-16T17:57:42","date_gmt":"2018-05-16T17:57:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.ual.es\/redesliterarias\/?p=998"},"modified":"2018-05-27T15:16:20","modified_gmt":"2018-05-27T15:16:20","slug":"anibal-nunez-san-francisco-1944-1987","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www2.ual.es\/redesliterarias\/2018\/05\/16\/anibal-nunez-san-francisco-1944-1987\/","title":{"rendered":"AN\u00cdBAL N\u00da\u00d1EZ SAN FRANCISCO (1944-1987)"},"content":{"rendered":"<h1><\/h1>\n<h2 style=\"padding-left: 120px;\"><em>Ulises y Calipso<\/em><\/h2>\n<p><a href=\"http:\/\/www2.ual.es\/redesliterarias\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/odysseus-und-kalypso-e1526492713517.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-999\" src=\"http:\/\/www2.ual.es\/redesliterarias\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/odysseus-und-kalypso-300x205.jpg\" alt=\"\" width=\"268\" height=\"183\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"padding-left: 210px;\">(Boecklin)<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">Una roca de p\u00f3rfido en la playa<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">busca en el horizonte alguna vela<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">tejida por Pen\u00e9lope.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 270px;\">La lira<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">es un trasto inservible, un cepo in\u00fatil<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">en manos de la diosa de caliza<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">que, siguiendo el ejemplo de la gruta,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">comienza a bostezar: ha sido en vano<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">llenarle de corales.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 240px;\">Las caricias<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">que aprendiste del mar, reina de alciones,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">no hacen mella en la roca que quisiera<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">poder volar a \u00cdtaca.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Figura en un paisaje<\/em>, 1993<\/p>\n<hr \/>\n<p>El poeta An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez fue tambi\u00e9n traductor, pintor y grabador. Mencionamos estos detalles de su vida porque sirven especialmente bien a este modesto comentario. Por vicio profesional y vital, de entre estas habilidades destacaremos la que parece m\u00e1s discreta y entra\u00f1able, la de traductor, que, como se sabe, es una labor que tiende a la invisibilidad. An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez tradujo a Propercio (<em>Eleg\u00edas<\/em>, Valladolid, 1980) y a Catulo (<em>Cincuenta poemas<\/em>, Madrid, 1984), adem\u00e1s de poemas de Rimbaud (<em>Poemas 1870-1871<\/em>, Madrid. 1975) y otros poetas franceses.<\/p>\n<p>El polifacetismo de An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez no s\u00f3lo revela una vocaci\u00f3n art\u00edstica rica e inquieta. Las artes, como se sabe, rara vez conviven sin m\u00e1s: compiten, y tanto m\u00e1s cuando lo hacen en una misma persona que domina varias y tendr\u00e1 que decidir qu\u00e9 le da a cada una. La poes\u00eda como arte radical de la palabra se las tiene que ver, en nuestro siglo m\u00e1s que nunca, con medios muy poderosos. De este empe\u00f1o de medirse en propia persona en diversas artes resulta ser buena muestra el poema que comentamos, que se cuenta en la primera serie de composiciones (I <em>En pintura<\/em>) de las tres que integran su libro <em>Figura en un paisaje<\/em>. Por lo dem\u00e1s, el est\u00edmulo de la pintura es una de las constantes de la producci\u00f3n po\u00e9tica de este autor.<\/p>\n<p>El libro <em>Figura en un paisaje<\/em> se edit\u00f3, ay, p\u00f3stumamente (1992). Sin embargo, andaba ya escrito en 1974, listo para ser presentado a un premio que al parecer no gan\u00f3, aunque qued\u00f3 finalista. La primera edici\u00f3n, dicen los cr\u00edticos, no fue muy feliz. Estaba incompleta y llena de erratas, pero pronto una edici\u00f3n de 1993 en Salamanca (a cargo de An\u00edbal Lozano) repar\u00f3 el desaguisado. Esta edici\u00f3n inclu\u00eda las ilustraciones de los cuadros comentados en verso. Nos preguntamos qu\u00e9 es mejor. \u00bfFacilitar al p\u00fablico lector la ilustraci\u00f3n del cuadro para que someta el poema al cotejo con la imagen? \u00bfO dejar a quien quiera que lea que se busque la vida y se ilustre (nunca mejor dicho) para volver a la composici\u00f3n con las im\u00e1genes en la cabeza, a ver qu\u00e9 pasa? Nos hemos decidido por la primera opci\u00f3n por razones inconfesables en esta sede. Digamos que, a efectos did\u00e1cticos, es mejor facilitar todo lo que se pueda, y en los tiempos que corren es mejor no invitar al lector o lectora a volver a la red. Tal vez se enrede y no vuelva. Pero parece que la evocaci\u00f3n imaginaria responde mejor a las instrucciones del poema. La composici\u00f3n va encabezada por un t\u00edtulo y el nombre propio que, a buen entendedor(a), debe convocar la imagen. Parece que al est\u00edmulo de ambos debemos ver lo invisible y proyectar sobre el poema la imaginaci\u00f3n de la famosa tela que responde a la leyenda y el nombre del pintor: Ulises y Calipso pintada por el artista suizo Arnold Boecklin (1827-1901) en el a\u00f1o 1883 (la obra completa de Boecklin puede contemplarse en <a href=\"http:\/\/www.arnoldbocklin.org\">http:\/\/www.arnoldbocklin.org<\/a>).<\/p>\n<p>En este breve comentario procederemos de manera ingenua, as\u00ed que las personas refinadas y demasiado posmodernas deber\u00edan abandonar la sala. Nuestra idea primera obedece a la antigua y venerable pr\u00e1ctica educativa de la descripci\u00f3n ret\u00f3rica o \u00e9kphrasis. Se ped\u00eda en este ejercicio que se describiera una escena bien conocida que sol\u00eda venir suministrada por los mitos y la historia antigua. En su versi\u00f3n m\u00e1s refinada, las escenas en cuesti\u00f3n ya hab\u00edan sido de creaci\u00f3n art\u00edstica en forma de pinturas o estatuas, de manera que la descripci\u00f3n verbal deb\u00eda hacer ver las escenas ya figuradas art\u00edsticamente. En el caso que nos ocupa, el cuadro de Boecklin ha ya imaginado una escena inspirada en unos famosos versos de la <em>Odisea.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Y la soberana ninfa acercose al magn\u00e1nimo Odiseo luego que hubo escuchado el mensaje de Zeus. Lo encontr\u00f3 sentado en la orilla. No se hab\u00edan secado sus ojos del llanto y su dulce vida se consum\u00eda a\u00f1orando el regreso, puesto que ya no le agradaba la ninfa, aunque pasaba las noches por la fuerza en la c\u00f3ncava cueva junto a la que lo amaba sin que \u00e9l lo amara. Durante el d\u00eda se sentaba en las piedras de la orilla, desgarrando su \u00e1nimo con l\u00e1grimas, gemidos y dolores, y miraba el est\u00e9ril mar derramando l\u00e1grimas. (Od. <\/em>V 149-158, traducci\u00f3n de J. L. Calvo)<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la creaci\u00f3n va de la poes\u00eda a la imagen y regresa a la poes\u00eda cargada ya con figuras imaginadas que las palabras del poeta vuelven a decir en verso.<\/p>\n<p>El cuadro de Boecklin elabora narrativamente la escena hom\u00e9rica tomando como punto de partida un detalle en principio marginal. En efecto podemos contemplarlo como la escenificaci\u00f3n de un s\u00f3lo verso<em>:<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>&#8230;junto a la que lo amaba sin que \u00e9l lo amara.<\/em><\/p>\n<p>Un verso prodigioso, cuyo prodigio puede f\u00e1cilmente pasar desapercibido en un tiempo en el que el amor correspondido pasa por normal. En realidad, la simetr\u00eda amorosa de la feliz correspondencia de sentimientos entre amantes que se aman con amor igual es un invento m\u00e1s bien novelesco, y es este un punto en el que Homero debe contar entre los ancestros del g\u00e9nero rey de la modernidad.<\/p>\n<p>Sin entrar en los detalles del arte pict\u00f3rico, llama la atenci\u00f3n de entrada la figura de Odiseo. Ha sido privada de toda la efusi\u00f3n emotiva del h\u00e9roe \u00e9pico y se alza al fondo de espaldas, en una figura cuyos gestos hay que imaginar. Pero, pese a que el h\u00e9roe podr\u00eda muy bien estar desecho en l\u00e1grimas, por lo que respecta a quien mira el cuadro parece m\u00e1s bien una estatua, un Ulises metamorfoseado en piedra de puro dolor, como sabemos que era posible en los mitos antiguos. El otro t\u00e9rmino de esta precoz historia de desamor, Calipso, figura sentada en la boca de una gruta sobre lo que parece un manto de p\u00farpura marina, con el rostro vuelto hacia el amado que no la ama. Esa gruta, hemos de entender conforme a nuestro Homero, ha cobijado los amores que podr\u00edan haber acabado en divinos, de haber cedido Odiseo a las solicitudes de la ninfa, que le ofrece la inmortalidad ni m\u00e1s ni menos. El cuadro ofrece a la vista, pues, el amor de la ninfa y el desamor de Odiseo que mira en el trance de la petrificaci\u00f3n un horizonte en el que proyecta sus ansias de regreso.<\/p>\n<p>La escena de Boecklin, en suma, va m\u00e1s all\u00e1 de la escena de la <em>Odisea<\/em>. Representa no el momento de la renuncia de Calipso que leemos en el poema de Homero, sino su experiencia de desamor cotidiano al que todas sus seducciones no han podido vencer. El cuadro est\u00e1 cargado de un tiempo imperfecto en el sentido gramatical de la palabra. Da imagen al aspecto durativo del verbo hom\u00e9rico, y con \u00e9l al d\u00eda a d\u00eda de la decepci\u00f3n de la diosa y de la tristeza agotadora del h\u00e9roe, antes de que se resuelva gracias a la acci\u00f3n de los dioses, que desencadenar\u00e1 el regreso de Ulises.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil ver que An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez ha llevado al extremo el suspense temporal del cuadro de Boecklin. En tres breves series de endecas\u00edlabos conduce la mirada sucesivamente a Ulises y Calipso, d\u00e1ndonos las dos perspectivas de la situaci\u00f3n sin salida, para terminar interpelando a la parte divina, como lo hac\u00edan los poetas antiguos en momentos especialmente pat\u00e9ticos. En este punto resuena un eco de la inspiraci\u00f3n hom\u00e9rica que resume la grandeza de la diosa, se\u00f1ora del coral y de las aves marinas a las que los antiguos atribu\u00edan el privilegio de anidar en la superficie del mar, un mar que para ellos manten\u00eda las aguas en calma durante el tiempo de cr\u00eda. Las dos semanas que rondan el solsticio de invierno se llamaban por esas aves \u201cd\u00edas alci\u00f3nicos\u201d y de ah\u00ed la expresi\u00f3n pas\u00f3 a significar (en ingl\u00e9s por lo menos) \u201cd\u00edas de felicidad\u201d. Homero ya hab\u00eda hecho de la gruta de Calipso un refugio de aves marinas, algo que no atrajo la atenci\u00f3n de Boecklin, concentrado en el drama desnudo del desencuentro. El poeta restituye al verso la poes\u00eda perdida, una poes\u00eda a\u00e9rea y vol\u00e1til en la que un dios que vuela como una gaviota llega a la cueva perfumada de la ninfa que teje y canta en medio de una naturaleza esplendorosa.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Un gran fuego ard\u00eda en el hogar y un olor de quebradizo cedro y de incienso se extend\u00eda al arder a lo largo de la isla. Calipso tej\u00eda dentro con lanzadera de oro y cantaba con hermosa voz mientras trabajaba en el telar. En torno a la cueva hab\u00eda nacido un florido bosque de alisos, de chopos negros y olorosos cipreses, donde anidaban las aves de largas alas, los b\u00fahos y halcones y las cornejas marinas de afilada lengua que se ocupan de las cosas del mar. (Od. <\/em>V 57-67, traducci\u00f3n de J. L. Calvo)<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n hom\u00e9rica prosigue hasta evocar un ejemplar de <em>locus amoenus<\/em>, aunque la ninfa que nos pinta Homero no parece preocuparse de los sentimientos del h\u00e9roe ni dispuesta a dejarlo de forzar al lecho hasta que los dioses le se\u00f1alan que ya vale. Boecklin ha podado el entorno de todo rastro de vegetaci\u00f3n y ha trasladado la escena a un medio donde s\u00f3lo se pueden ver mar y cielo y masas de roca rojiza pintadas con un detalle notable y que sugieren la presencia de aves marinas, por el momento ausentes. Una gruta discreta se abre lo justo para albergar a una ninfa desairada. De este modo, el pintor ha psicologizado la escena privando al paisaje de todo atractivo que pudiera desviarnos de las figuras.<\/p>\n<p>Los versos del An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez culminan la mineralizaci\u00f3n estatuaria de los personajes esbozada en el lienzo. Una discreta metamorfosis ha hecho de Ulises una piedra que mira al mar. El p\u00f3rfido es piedra dur\u00edsima que se utilizaba ya en las primeras civilizaciones para la construcci\u00f3n de monumentos. Su calidad, dureza y color lo han hecho especialmente apreciado en la escultura que pide dignidad e hieratismo. Es dif\u00edcil saber si debemos aqu\u00ed incorporar otras cualidades de esta roca, puro magma volc\u00e1nico endurecido por el enfriamiento y la presi\u00f3n de las profundidades que lo hacen m\u00e1s duro que el granito. Fuego, pues, hecho piedra por el fr\u00edo del agua. Pero esta dur\u00edsima estatua tiene el calor de una mirada viva que busca un signo de Pen\u00e9lope, una Pen\u00e9lope que imagina activa en la b\u00fasqueda de su marido con las artes del tejer que en Homero aplica a otros fines que vienen a ser igualmente signos de fidelidad.<\/p>\n<p>Calipso recibe tambi\u00e9n formas minerales que ya estaban insinuadas en el lienzo. Esta vez la materia es la piedra caliza, que recoge bien la destacada blancura de su tez en el cuadro. Esta diosa de caliza tambi\u00e9n queda privada en el poema de emoci\u00f3n amorosa alguna. Bosteza. Dejamos al amable p\u00fablico lector que adivine la relaci\u00f3n, si es que la hay, entre la descripci\u00f3n del poeta y el gesto que le da el pintor, que se nos antoja m\u00e1s de disgusto que de aburrimiento. En realidad el poeta deja a la vista el proceso de su imaginaci\u00f3n, que ha trasladado a la boca de la ninfa el bostezo de la cueva haciendo de paso, qui\u00e9n sabe, un gui\u00f1o gongorino.<\/p>\n<p>La Calipso del poema contempla todo lo que ha ofrecido a su forzado amante junto con los placeres del lecho: la m\u00fasica y el lujo del coral. Pero el coral est\u00e1 lejos de ser simplemente signo de los refinamientos que se esperan en un lecho divino. Puede tomarse como la solidificaci\u00f3n primera de las caricias de la diosa. Los rojos corales son gestos amorosos marinos que han conseguido como efecto parad\u00f3jico endurecer al amado hasta el extremo de la piedra m\u00e1s dura, el p\u00f3rfido de un rojo intenso que raya el morado. Entre el rojo del coral y el rojo del p\u00f3rfido van y naufragan los amores de la ninfa. La roca de Ulises se yergue firme en su pena ante el mar que, en definitiva, le ha dado su dureza a fuerza de abrazos, si bien conserva todav\u00eda algo de la ligereza del p\u00e1jaro.<\/p>\n<hr \/>\n<h3>NOTICIA BIBLIOGR\u00c1FICA<\/h3>\n<p>An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez, <em>Obra po\u00e9tica I y II<\/em>, Madrid: Hiperi\u00f3n, 1995, edici\u00f3n a cargo de Fernando R. de la Flor y Esteban Pujals Gesal\u00ed<\/p>\n<p>An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez, <em>Poes\u00eda reunida (1967-1987)<\/em>, Barcelona: Calambur (Calambur Poes\u00eda, 150), 2015, introducci\u00f3n y edici\u00f3n de Gustavo Mart\u00edn Garzo y pr\u00f3logo de Vicente Vives<\/p>\n<p>Fernando R. de la Flor, <em>La vida da\u00f1ada de An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez<\/em>, Salamanca: Delirio, 2012<\/p>\n<p>Rosanna Pardellas, E<em>l arte comoobsesi\u00f3n. La obra po\u00e9tica de An\u00edbal N\u00fa\u00f1ez en el contexto de la poes\u00eda espa\u00f1ola de los a\u00f1os 70 y 80,<\/em> Madrid: Verbum, 2009<\/p>\n<p>\u00ae Javier Campos Daroca<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ulises y Calipso (Boecklin) Una roca de p\u00f3rfido en la playa busca en el horizonte alguna vela tejida por Pen\u00e9lope. La lira es un trasto inservible, un cepo in\u00fatil en manos de la diosa de caliza que, siguiendo el ejemplo de la gruta, comienza a bostezar: ha sido en vano llenarle de corales. 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