{"id":9177,"date":"2019-04-11T09:16:49","date_gmt":"2019-04-11T09:16:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/?p=9177"},"modified":"2020-02-17T19:11:56","modified_gmt":"2020-02-17T19:11:56","slug":"el-puerto-de-santa-maria-colon-y-el-duque-de-medinaceli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/el-puerto-de-santa-maria-colon-y-el-duque-de-medinaceli\/","title":{"rendered":"El Puerto de Santa Mar\u00eda, Col\u00f3n y el Duque de Medinaceli"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-padding-top:20px;--awb-padding-bottom:20px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_3_5 3_5 fusion-three-fifth fusion-column-first\" style=\"--awb-bg-size:cover;width:60%;width:calc(60% - ( ( 4% ) * 0.6 ) );margin-right: 4%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p>En el tr\u00e1nsito de la Edad Media a la Edad Moderna, El Puerto de Santa Mar\u00eda era una emprendedora villa mercantil en poder de la Casa Ducal de Medinaceli, con t\u00edtulo de condado, que se encuentra inmersa en un claro proceso expansivo de crecimiento econ\u00f3mico y diversificaci\u00f3n productiva. Volcada al mar, su principal actividad econ\u00f3mica era la pesca, el negocio de la sal, la venta del vino de la comarca jerezana y el tr\u00e1fico mar\u00edtimo especialmente con Berber\u00eda. Por sus calles deambulaba gente de la m\u00e1s dispar procedencia, la mayor\u00eda descendiente de los antiguos pobladores, no solo castellanos de diferente origen sino tambi\u00e9n de los distintos reinos de la corona de Arag\u00f3n y de muchas \u00abnaciones\u00bb europeas \u2014fundamentalmente genoveses, venecianos, flamencos, bretones, ingleses, franceses y portugueses\u2014. Junto a esa heterog\u00e9nea poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona, otra gente de aqu\u00ed y de all\u00e1 recalaba en este puerto de la margen derecha del Guadalete, principalmente comerciantes y marineros. Dentro y fuera de la urbe converg\u00edan gentes de todo tipo de condici\u00f3n social, de distinta raza \u2014por la presencia de esclavos negros\u2014 y religi\u00f3n, conviviendo en diferentes barrios tanto cristianos como mud\u00e9jares o judeoconversos. Una urbe cada vez m\u00e1s ensanchada, distribuy\u00e9ndose sus calles longitudinalmente en plano hipod\u00e1mico, a modo de tablero de ajedrez, que \u2014con algunas inflexiones\u2014 part\u00eda desde el centro neur\u00e1lgico de la villa donde se ubica el castillo-santuario de San Marcos y la plaza, y que toma por base el curso del Guadalete o la arteria principal que viene a ser la ya entonces denominada calle Larga. Con todo este bullir de gente, la villa condal portuense conoci\u00f3 durante esas \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XV una de sus etapas hist\u00f3ricas m\u00e1s esplendorosas y de mayor pujanza econ\u00f3mica. Este territorio y esta gente \u2014con el favor del duque de Medinaceli, su conde\u2014 encontraron el modo de ser productivo de la \u00fanica manera que pod\u00eda hacerlo, es decir, cara al mar. El conde debi\u00f3 darse perfecta cuenta de que aquel denominado <em>Gran Puerto<\/em>, para serlo de veras, deb\u00eda desarrollar su propia flota construyendo modernas embarcaciones; deb\u00eda adaptarse a los nuevos negocios e implicarse en los grandes circuitos comerciales del momento aprovechando su situaci\u00f3n envidiable; deb\u00eda tambi\u00e9n potenciarse la importancia de su muelle, con almacenes y dep\u00f3sitos de mercanc\u00edas; y hab\u00eda que favorecer a dos sectores productivos como el marinero \u2014patrones, pilotos, marinos,\u2026\u2014 y el mercantil \u2014de los comerciantes o mercaderes locales y de los agentes y factores extranjeros que all\u00ed operaban o pod\u00edan operar\u2014, pues ambos grupos proporcionalmente representaban un contingente muy superior al del resto de la poblaci\u00f3n portuense. De este modo, aquel rinc\u00f3n de la bah\u00eda gaditana pudo convertirse entonces en un foco de singular importancia en el desarrollo de las actividades mar\u00edtimas y en uno de los puertos m\u00e1s importantes del litoral andaluz, el \u00ab<em>puerto por antonomasia<\/em>\u00bb en el decir del cura de los Palacios Andr\u00e9s Bern\u00e1ldez, pues queda claro que aquel seguro puerto fluvial de galeras, situado al abrigo de la bah\u00eda gaditana, aparte de ser un centro pujante de pesquer\u00edas, ejerc\u00eda un importante papel como invernadero de flotas y surgidero naval.<\/p>\n<p>Mucho de ese esplendor y de la sabidur\u00eda mar\u00edtima de la gente de El Puerto ser\u00eda en buena medida aprovechado por aquel navegante extranjero, que se pas\u00f3 casi dos a\u00f1os entre ellos, al recibir el amparo, el favor y, sobre todo, la esperanza del duque-conde protector. Era entonces conde del lugar Luis de la Cerda y Mendoza (1443-1501), uno de los personajes que m\u00e1s han contribuido en otorgar universalidad a la historia portuense por haber sido el art\u00edfice de la tra\u00edda y prolongada presencia de Crist\u00f3bal Col\u00f3n en El Puerto de Santa Mar\u00eda. Este magnate castellano hab\u00eda nacido en 1443, probablemente en la villa soriana de Medinaceli. Su padre, el IV Conde de dicho estado Gast\u00f3n de la Cerda (1414-1454), fue prototipo del noble guerrero de su tiempo pues no en vano hab\u00eda sido capit\u00e1n general de la frontera de Arag\u00f3n y hab\u00eda declarado por s\u00ed mismo la guerra a este reino entre 1452-54. Sin embargo, Luis se vislumbra con un hombre a caballo entre dos mundos muy distintos, el medieval que ya acababa y otro nuevo que preludia la modernidad, decant\u00e1ndose por el segundo. No fue, para nada, ejemplo de guerrero como su padre o sus predecesores; \u00e9l prefiri\u00f3 dedicarse a otros menesteres que recomendaban los nuevos tiempos, por m\u00e1s que probable influencia de su abuelo materno, el c\u00e9lebre marqu\u00e9s de Santillana. Prueba de ello fue su labor de mecenazgo sobre hombres de letras, como Diego de Valera (su hombre de confianza en El Puerto) y de artistas como Lorenzo V\u00e1zquez y otros tantos.<\/p>\n<p>La variopinta biograf\u00eda de don Luis de la Cerda ya ha sido dada a conocer por nosotros y, obviamente, sobrepasa con creces este espacio. No en vano, antes de valedor de aquel desesperado marinero en tierra que \u2014con su ayuda\u2014 vio cumplidos sus sue\u00f1os allende los mares para reconocimiento de la posteridad, entre otros cap\u00edtulos de su vida, el noble castellano \u2014por su sangre regia, como descendiente directo por l\u00ednea de primogenitura del rey Alfonso X el Sabio, y consecuentemente representante leg\u00edtimo de la l\u00ednea de los antiguos reyes de la monarqu\u00eda Borgo\u00f1a-palatina\u2014 emul\u00f3 a sus antepasados aspirando tambi\u00e9n a un trono peninsular, en su caso el de Navarra, y estuvo a punto de ser su rey. Consolid\u00f3 adem\u00e1s un extenso patrimonio se\u00f1orial en sus dos estados principales: el ducado de Medinaceli, por un lado, en el coraz\u00f3n de Castilla y, por otro, este condado sure\u00f1o de El Puerto de Santa Mar\u00eda, aparte de diferentes dominios, caso de Huelva y otros tantos se\u00f1or\u00edos. Fue en octubre del a\u00f1o 1479 cuando los Reyes Cat\u00f3licos suscrib\u00edan una c\u00e9dula a favor del entonces V Conde de Medinaceli en la que se le otorgaba privilegio de merced por el que elevaban el estado a ducado y transfer\u00edan el t\u00edtulo condal, que de no ser as\u00ed lo hubiera perdido la Casa, al se\u00f1or\u00edo de la villa de El Puerto de Santa Mar\u00eda. Luis de la Cerda se convert\u00eda, as\u00ed, en el primero de los duques de Medinaceli y de los condes del Puerto de Santa Mar\u00eda, siendo inusual esa doble f\u00f3rmula de merced en los t\u00e9rminos que recog\u00eda el privilegio.<\/p>\n<p>En los primeros meses de 1490, el noble castellano est\u00e1 en el sur, afincado en su palacio de El Puerto de Santa Mar\u00eda. Desde all\u00ed, acude a la boda de la infanta Isabel de Castilla con el pr\u00edncipe Juan de Portugal, que se celebra con toda solemnidad en Sevilla en el mes de abril de ese a\u00f1o. Seg\u00fan la cr\u00f3nica de Andr\u00e9s Bern\u00e1ldez, Medinaceli es el primero de entre los Grandes que asistieron a la ceremonia. Los fastos que acompa\u00f1aron a la celebraci\u00f3n fueron contemplados tambi\u00e9n en la capital hispalense por aquel mismo desesperado nauta extranjero que llevaba ya seis a\u00f1os detr\u00e1s de la corte buscando el favor real para poner en pr\u00e1ctica un proyecto descubridor que la mayor\u00eda consideraba inviable. Pues, tras ser rechazado en varias cortes europeas, Crist\u00f3bal Col\u00f3n tambi\u00e9n hab\u00eda planteado con poca fortuna su proyecto de descubrimiento a los Reyes Cat\u00f3licos, sobre todo tras las deliberaciones de los cart\u00f3grafos reunidos en la Junta de Salamanca. Y cuando parec\u00eda una misi\u00f3n imposible y el futuro almirante est\u00e1 dispuesto a abandonar Castilla, en ese a\u00f1o de 1490 (y no antes, como hemos probado nosotros en algunas monograf\u00edas, corrigiendo a todos cuantos se hab\u00edan ocupado anteriormente del tema) busca y encuentra el apoyo de don Luis de la Cerda, que lo recibe y retiene durante casi dos a\u00f1os en su villa de la bah\u00eda gaditana. Concurr\u00eda en este magnate una circunstancia muy especial, que encajaba perfectamente con la insistente idea de Crist\u00f3bal Col\u00f3n, puesta de manifiesto por Bartolom\u00e9 de las Casas, de considerar que deb\u00eda ser una \u00ab<em>persona real y poderosa<\/em>\u00bb quien colmara sus aspiraciones descubridoras. Luis de la Cerda llevaba en la sangre m\u00e1s realeza que ning\u00fan otro noble castellano y era una persona particularmente id\u00f3nea \u2014neg\u00e1ndose, como hasta ahora lo hab\u00edan hecho, los soberanos\u2014 para acometer empresas de esta naturaleza. El duque de Medinaceli se informa \u00ab<em>muy particularizadamente<\/em>\u00bb y durante \u00ab<em>muchos d\u00edas<\/em>\u00bb del proyecto de navegaci\u00f3n que le ofrece aquel navegante. A don Luis, pronto debi\u00f3 entusiasmarle pues, como dec\u00eda el propio Las Casas, \u201c<em>ten\u00eda, empero, valor para que, ofreci\u00e9ndosele materia, obrase cosas dignas de su persona\u201d<\/em>, dado su talante \u201c<em>liberal<\/em>\u201d. Por eso lo tuvo a su costa durante esos casi dos a\u00f1os que dur\u00f3 la estancia portuense de Col\u00f3n. Sin embargo, cuando el duque est\u00e1 decidido a llevar el proyecto hasta sus \u00faltimas consecuencias, plantea su decisi\u00f3n a la reina Isabel la Cat\u00f3lica, sin tener necesidad legal de ello. Es entonces cuando la soberana le frena y aborta su iniciativa. As\u00ed qued\u00f3 puesto de manifiesto, no solo por el valioso testimonio de la cr\u00f3nica lascasiana, sino tambi\u00e9n por una prueba documental irrefutable sobre la relaci\u00f3n mantenida entre el Col\u00f3n predescubridor y el duque de Medinaceli, una carta de \u00e9ste a su t\u00edo, el cardenal don Pedro Gonz\u00e1lez de Mendoza (brazo derecho de los Reyes Cat\u00f3licos y, como tal, considerado el \u201ctercer rey de Espa\u00f1a\u201d), escrita en Cogolludo el 19 de marzo de 1493, reci\u00e9n regresado, por tanto, el Almirante de la mar oc\u00e9ano a Lisboa tras su primer viaje descubridor de las Indias, interesante ep\u00edstola que se conserva en el Archivo de Simancas.<\/p>\n<p>Luis de la Cerda estuvo a punto de llegar a ser el patrocinador del viaje descubridor del Nuevo Mundo si los monarcas, una vez desembarazados del problema de la guerra nazar\u00ed, no hubiesen reclamados para s\u00ed ese honroso papel. Finalmente se trat\u00f3 de una empresa de la Corona, pero en buena medida porque hab\u00eda otra alternativa privada para el Descubrimiento, nada ut\u00f3pica, que no era otra que la que estuvo a punto de financiar el duque de Medinaceli. En t\u00e9rminos de infraestructura, El Puerto reun\u00eda todas las condiciones id\u00f3neas para una empresa de estas caracter\u00edsticas pues all\u00ed se pod\u00edan fletar las embarcaciones que partieran hacia el Nuevo Mundo. De hecho, la nao <em>Santa Mar\u00eda<\/em>, que iba a ser la capitana de la flota que llev\u00f3 Col\u00f3n, estaba anclada en aquel puerto de la bah\u00eda gaditana, como propiedad que era de su buen amigo y vasallo Juan de la Cosa. Adem\u00e1s, el duque ten\u00eda en su puerto buen aparejo, dispuesto para la empresa descubridora. Ganas tampoco le faltaban a don Luis, dispuesto como estaba a la financiaci\u00f3n del proyecto. Para nada era dif\u00edcil encontrar buenos marinos que acompa\u00f1aran al piloto extranjero pues, de estos avezados hombres de mar, El Puerto de Santa Mar\u00eda estaba sobrado. Algunos de ellos, criados incluso de Medinaceli como el c\u00e9lebre Alonso de Ojeda, sabr\u00edan de inmediato, con su presencia, lo que se estaba descubriendo al otro lado del Atl\u00e1ntico. Y en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, teniendo en cuenta que el primer viaje colombino a las Indias tuvo un montante total aproximado de 2 millones de maraved\u00edes, esa cantidad en modo alguno supon\u00eda un sacrificio econ\u00f3mico para la hacienda ducal pues las rentas anuales de don Luis de la Cerda se calculaban en unos 30.000 ducados y solo los valores de las rentas ducales en El Puerto de Santa Mar\u00eda, en la \u00e9poca que nos ocupa, rondaba los 4 millones de maraved\u00eds.<\/p>\n<p>Pudo ser, por tanto, la de Medinaceli la otra alternativa del Descubrimiento del Nuevo Mundo.<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Autor: Antonio S\u00e1nchez Gonz\u00e1lez<\/h6>\n<hr \/>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>S\u00c1NCHEZ GONZ\u00c1LEZ, Antonio: <em>Medinaceli y Col\u00f3n. La otra alternativa del Descubrimiento<\/em>. Madrid, Mapfre, 1995.<\/p>\n<p>S\u00c1NCHEZ GONZ\u00c1LEZ, Antonio: <em>Medinaceli y Col\u00f3n. El Puerto de Santa Mar\u00eda como alternativa del viaje de Descubrimiento<\/em>. El Puerto de Santa Mar\u00eda, Ayuntamiento, 2006<\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_2_5 2_5 fusion-two-fifth fusion-column-last\" style=\"--awb-bg-size:cover;width:40%;width:calc(40% - ( ( 4% ) * 0.4 ) );\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><style type=\"text\/css\">.fusion-portfolio-wrapper#fusion-portfolio-1 .fusion-portfolio-content{  text-align: left; }<\/style><div class=\"fusion-recent-works fusion-portfolio-element fusion-portfolio fusion-portfolio-1 fusion-portfolio-grid fusion-portfolio-paging-none fusion-portfolio-one fusion-portfolio-unboxed fusion-portfolio-text fusion-portfolio-rollover\" data-id=\"-rw-1\" data-columns=\"one\"><style type=\"text\/css\">.fusion-portfolio-1 .fusion-portfolio-wrapper .fusion-col-spacing{padding:10px;}<\/style><div class=\"fusion-portfolio-wrapper\" id=\"fusion-portfolio-1\" 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