{"id":5787,"date":"2018-10-18T17:41:27","date_gmt":"2018-10-18T17:41:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/?p=5787"},"modified":"2019-02-22T12:59:06","modified_gmt":"2019-02-22T12:59:06","slug":"pobreza-femenina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/pobreza-femenina\/","title":{"rendered":"Pobreza femenina"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-padding-top:20px;--awb-padding-bottom:20px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_3_5 3_5 fusion-three-fifth fusion-column-first\" style=\"--awb-bg-size:cover;width:60%;width:calc(60% - ( ( 4% ) * 0.6 ) );margin-right: 4%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p><span style=\"font-weight: 400;\">Para los inicios de la Modernidad no disponemos de registros demogr\u00e1ficos que especifiquen la distribuci\u00f3n de sexo, pero abundan los indicios de que sobre todo en las ciudades por lo com\u00fan hab\u00eda m\u00e1s mujeres que hombres. La aventura americana, los reclutamientos de la milicia, la sobre-mortalidad adulta masculina y otros elementos de movilidad agrandaban de forma ostensible el desequilibrio cuantitativo que ya de por s\u00ed era normal que se diera a favor del sexo femenino. Dentro de la abundancia femenina hab\u00eda quienes disfrutaban de una posici\u00f3n acomodada, pero claramente predominaban las que se encontraban en precarias condiciones de vida. De hecho, en gran parte de los considerados fiscalmente como hogares pobres aparec\u00edan mujeres al frente, viudas las m\u00e1s, como se vislumbraba en los censos a calle hita, donde aparec\u00edan registradas muchas mujeres necesitadas. Por supuesto, no todas las viudas presentaban situaciones de carencias, pero s\u00ed la mayor parte. Las propias anotaciones hechas por los empadronadores indicando quienes eran los vecinos que en ocasiones, debido fundamentalmente a ser tenidos casi como indigentes quedaban inscritos de forma conjunta, no independiente, pon\u00edan de manifiesto de manera reiterada la existencia de una gran cantidad de mujeres que viv\u00edan solas o junto a otras, tanto en sus propios domicilios como en ajenos donde se juntaban un cierto n\u00famero de ellas, o morando mayoritariamente en los cuartos de los corrales de vecindad. Normalmente eran solteras mayores de edad, casadas cuyos maridos hab\u00edan emigrado o huido del hogar, separadas o abandonadas y en n\u00famero considerable viudas. En dichos casos ellas eran las cabezas de familia y como tales les cab\u00eda dirigir el hogar, que no necesariamente ten\u00eda que ser unipersonal ya que cab\u00eda la posibilidad de que contase con la presencia de alg\u00fan familiar o de otra persona acogida, normalmente tambi\u00e9n del sexo femenino. Sin ser demasiado abultada, circunstancia imposible que ocurriera dados los criterios que se aplicaban para empadronar al vecindario, la jefatura familiar de las mujeres, y m\u00e1s concretamente de las viudas, alcanzaba a ser profusa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otro vasto colectivo femenino desfavorecido lo constitu\u00edan las mujeres libres y deambulantes cuya presencia se hac\u00eda notar sobre todo en las zonas urbanas. En repetidas ocasiones los procuradores de las Cortes de Castilla insist\u00edan en la denuncia de los estragos que a su juicio causaba la multitud de las que denominaban vagabundas y de las que andaban por tabernas y bodegones, principalmente en Sevilla, Madrid, Toledo y Valladolid. Dentro de la turbamulta pedig\u00fce\u00f1a destacaba la presencia femenina. La precaria situaci\u00f3n en que se hallaban numerosas mujeres se hac\u00eda todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil en aquellas que ten\u00edan hijos, que a veces eran utilizados como reclamo para la demanda de limosnas. La pobreza \u00a0agudizaba la subordinaci\u00f3n de la mujer, potenciando incluso una abusiva utilizaci\u00f3n de las j\u00f3venes, explotadas como servidumbre dom\u00e9stica, abandonadas a su suerte a remolque de la penuria cotidiana. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Era en los hogares empobrecidos donde mayoritariamente se contaban las mujeres. As\u00ed lo demostraban por ejemplo los informes que los p\u00e1rrocos de las collaciones de Sevilla remitieron en 1667 a D. Miguel de Ma\u00f1ara, utilizados como base estad\u00edstica para distribuir entre las personas desamparadas de cada feligres\u00eda un cuantioso legado que se hab\u00eda recibido en la Hermandad de la Santa Caridad. No era un recuento de todos los pobres de la ciudad, sino m\u00e1s bien una amplia muestra del vecindario desfavorecido que arrastraba graves carencias. De quienes aparec\u00edan registrados, estableciendo una diferenciaci\u00f3n por sexo, destacaban notablemente las mujeres sobre los hombres. Del total de gente inscrita, el 88% correspond\u00eda a f\u00e9minas, por tan solo el 12% masculino. En ninguna circunscripci\u00f3n se modificaba sustancialmente esta proporci\u00f3n. Como mucho, en varias parroquias (San Juan de la Palma, San Pedro, San Juli\u00e1n) una cuarta parte eran hombres, pero en todas las restantes el porcentaje de varones era menor, alcanzando unos niveles m\u00ednimos en las de San Isidro (4%), el Salvador (4%), Santa Cruz (5%) o el Sagrario (7%). Esto significaba que en las citadas collaciones, de forma a\u00fan m\u00e1s acusada que en las dem\u00e1s, el porcentaje de mujeres resultaba realmente abrumador al constituir casi la totalidad de las personas registradas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pese a las directrices de los moralistas indicando que el sitio id\u00f3neo de las mujeres de todas las edades era la casa y la familia, la realidad se mostraba bien distinta. Tradicionalmente los mercados eran lugares primordialmente femeninos, as\u00ed como los lavaderos y orillas fluviales, las calles y plazas estaban ocupadas por mujeres, por solteras, casadas y viudas, solas o integrantes de hogares m\u00e1s extensos, que deb\u00edan proveer de lo necesario para la vida familiar. Con la creciente marcha o ausencia de los varones del hogar a consecuencia de la emigraci\u00f3n y del escapismo, las dificultades de las mujeres para sobrevivir arreciaron y la b\u00fasqueda de una ocupaci\u00f3n remunerada cada vez fue m\u00e1s apremiante. Ellas, que ya se hab\u00edan incorporado hac\u00eda tiempo al mercado laboral, tuvieron que hacer un esfuerzo mayor en la dura lucha por la existencia, en una \u00e9poca en la que, frente a una oferta que no era abundante para el sector femenino, la demanda de trabajo se hinchaba. Esto se deb\u00eda entre otros motivos al aumento de la inmigraci\u00f3n a las ciudades, buena parte de la cual la formaba un amplio contingente femenino que llegaba desde el entorno rural en busca de mejor suerte. Se conoc\u00edan los inconvenientes que hab\u00eda para encontrar faena si se era mujer, y tambi\u00e9n que de conseguirlo el jornal a ganar ser\u00eda inferior al que obtendr\u00eda un hombre, pero la necesidad apuraba y no quedaba otro remedio, si no se quer\u00eda mendigar, que emplearse en cualquier ocupaci\u00f3n que surgiera, aunque estuviese poco valorada econ\u00f3mica y socialmente, e incluso fuera degradante como suced\u00eda con la prostituci\u00f3n. \u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las mujeres no pod\u00edan contentarse con la situaci\u00f3n precaria en que se encontraban. Necesitaban trabajar en lo que fuera y d\u00f3nde fuera. Se empleaban en casa ajena formando parte del servicio dom\u00e9stico y como amas de cr\u00eda, se ocupaban en la venta ambulante, en el peque\u00f1o comercio, en los mesones y tabernas y en los hospitales, laboraban en las huertas y en las peque\u00f1as parcelas, recog\u00edan frutos agr\u00edcolas y se esforzaban en tareas diversas como jornaleras en la tierra circundante y en el propio recinto urbano, elaboraban y transformaban productos industriales. En definitiva, ning\u00fan sector econ\u00f3mico les eran ajenos, aunque, eso s\u00ed, siempre ejecutando tareas poco cualificadas y de baja remuneraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El ejercicio de tan amplio despliegue de actividades no imped\u00eda que llegada la ocasi\u00f3n, cuando la necesidad apremiaba, las ni\u00f1as, muchachas y campesinas adultas se trasladasen a la ciudad en busca de sustento. All\u00ed sol\u00edan quedarse, tanto si lograban encontrar una ocupaci\u00f3n m\u00e1s o menos estable como si no la hallaban. Procuraban sobrevivir en la generalidad de los casos con empleos espor\u00e1dicos e inestables, de escasos ingresos. Buena parte de ellas se contrataba como criadas en los hogares de las familias acomodadas. La servidumbre dom\u00e9stica era quiz\u00e1 el tipo de empleo que estaba m\u00e1s al alcance de las mujeres del pueblo llano, sin importar la edad que tuvieran, ya que tanto las menores y adolescentes como las j\u00f3venes y las de edades mayores procuraban encontrar una familia pudiente a la que servir. Trabajo a tiempo completo, en jornadas agotadoras, de duraci\u00f3n exagerada, y a cambio tan s\u00f3lo de la manutenci\u00f3n y el alojamiento y, no siempre, de un m\u00edsero estipendio o de la promesa de una dote que posibilitara el casamiento de aquellas que fueran doncellas. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ni\u00f1as, mozas o adultas, tanto si eran solteras, casadas, viudas o viv\u00edan solas, las mujeres de las capas populares por lo com\u00fan ten\u00edan que buscarse su propio sustento mediante alg\u00fan tipo de actividad laboral. Ante todas ellas aparec\u00eda la pr\u00e1ctica de la ramer\u00eda, oficio que cuando la pobreza apretaba y la necesidad era grande pod\u00edan ejercer ocasionalmente o de forma duradera. Las que se encontraban desprotegidas del amparo de la familia, de un matrimonio ventajoso o del claustro de un convento, incluso las que se empleaban en tareas que en la mayor\u00eda de los casos estaban desprestigiadas y escasamente remuneradas, se ve\u00edan abocadas en numerosos casos a mendigar o a prostituirse. Algunas practicaban la puter\u00eda de manera espor\u00e1dica debido a la miseria o por otras circunstancias (violaci\u00f3n, enga\u00f1o, abandono), otras la realizaban a tiempo parcial, tambi\u00e9n abundaban las que la efectuaban permanentemente. La prostituci\u00f3n, tan extendida, tan utilizada y a la vez tan perseguida, producto de la necesidad, del precario estado, desamparo y desarraigo en que se encontraban muchas mujeres, constitu\u00eda un elemento de enorme incidencia social.<\/span><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Autor: Juan Ignacio Carmona Garc\u00eda<\/h6>\n<hr \/>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">CARMONA GARC\u00cdA, Juan. Ignacio, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El extenso mundo de la pobreza. La otra cara de la Sevilla Imperial<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Ayuntamiento de Sevilla, 1993.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">PASCUA S\u00c1NCHEZ, M\u00aa Jos\u00e9 de la, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mujeres solas: historias de amor y de abandono en el mundo hisp\u00e1nico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Diputaci\u00f3n Provincial de M\u00e1laga, 1998.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">V\u00c1ZQUEZ, Francisco y MORENO, Antonio, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cr\u00f3nica de una marginaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, C\u00e1diz, BAAL, 1998.<\/span><\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_2_5 2_5 fusion-two-fifth fusion-column-last\" style=\"--awb-bg-size:cover;width:40%;width:calc(40% - ( ( 4% ) * 0.4 ) );\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[36],"tags":[629],"class_list":["post-5787","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mujeres","tag-juan-ignacio-carmona-garcia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5787","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5787"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5787\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5788,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5787\/revisions\/5788"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5787"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5787"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5787"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}