{"id":2028,"date":"2018-01-09T09:02:50","date_gmt":"2018-01-09T09:02:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/?p=2028"},"modified":"2019-02-21T12:49:31","modified_gmt":"2019-02-21T12:49:31","slug":"el-patriciado-urbano-mas-noble-de-espana-cordoba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/el-patriciado-urbano-mas-noble-de-espana-cordoba\/","title":{"rendered":"El patriciado urbano m\u00e1s noble de Espa\u00f1a: C\u00f3rdoba"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-padding-top:20px;--awb-padding-bottom:20px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_3_5 3_5 fusion-three-fifth fusion-column-first\" style=\"--awb-bg-size:cover;width:60%;width:calc(60% - ( ( 4% ) * 0.6 ) );margin-right: 4%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p><span style=\"font-weight: 400;\">Dentro de la clasificaci\u00f3n de los distintos estratos de la nobleza que estableciera Dom\u00ednguez Ortiz, y que se ha venido usando amplia y consensuadamente en el \u00faltimo medio siglo, encontramos el complejo pero determinante grupo de las \u00e9lites urbanas. M\u00e1s all\u00e1 de su discusi\u00f3n terminol\u00f3gica y, sobre todo, de la exactitud de las caracter\u00edsticas y perfiles sociol\u00f3gicos que las compusieron, las oligarqu\u00edas municipales se definen como el grupo social privilegiado m\u00e1s numeroso en la \u00e9poca Moderna, englobando a un colorido abanico de realidades nobiliarias (regidores, caballeros de h\u00e1bitos, se\u00f1ores de vasallos, t\u00edtulos\u2026) pero siempre en torno a un mismo eje com\u00fan: el desempe\u00f1o de los cargos del poder local dentro de sus concejos. Posee, adem\u00e1s, como corresponde a los principios del Antiguo R\u00e9gimen, un esencial car\u00e1cter familiar y endog\u00e1mico, por lo que no se puede entender sin la trascendencia en el tiempo del linaje, la pol\u00edtica matrimonial y las relaciones de parentesco. As\u00ed pues, llamamos patriciado urbano a ese listado de familias poderosas e interconectadas que lideran la pol\u00edtica de cada n\u00facleo de poblaci\u00f3n, acumulan gran parte de su riqueza econ\u00f3mica y visibilizan los m\u00e1s notables instrumentos de prestigio social. No obstante, su n\u00f3mina de familias, como apunta Enrique Soria, el patriciado cordob\u00e9s -castellano en su m\u00e1s amplio concepto- estar\u00e1 conformada por una \u00e9lite compacta, pero ni mucho menos herm\u00e9tica, en la que los linajes viejos se entremezclar\u00e1n constantemente con nueva sangre, pero adapt\u00e1ndose a los patrones de los primeros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La ciudad de C\u00f3rdoba fue, durante los siglos modernos, una de las ciudades m\u00e1s importantes de Castilla, aunque su relevancia geogr\u00e1fica y demogr\u00e1fica en el sur se vio eclipsada -claramente a partir del siglo XVII- por las universales Sevilla y Granada. A\u00fan as\u00ed, como pone de relieve un an\u00e1lisis del valor de las ciudades castellanas seg\u00fan su mitra eclesi\u00e1stica, C\u00f3rdoba se mantuvo como la principal sede episcopal solo por debajo de las grandes sedes metropolitanas (Toledo, Sevilla, Santiago, Granada\u2026). En efecto la producci\u00f3n agraria posibilitada por sus fecundas tierras, unida a otros elementos econ\u00f3micos y de prestigio tales como la lana, el cuero, la plata o la cr\u00eda del caballo, pero alejada del \u201carribismo\u201d social tan marcado que generaba el comercio o la banca -tan propios de otras urbes como C\u00e1diz, M\u00e1laga o la propia capital hispalense-, mantuvieron a la ciudad como uno de los focos nobiliarios m\u00e1s consolidados y aparentemente \u201cinm\u00f3viles\u201d de la pen\u00ednsula. Tanto es as\u00ed que Gonzalo de C\u00e9spedes y Meneses en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Historias peregrinas y ejemplares<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> declarar\u00e1 en 1623 \u201cHoy es cierto que no hay ciudad ni poblaci\u00f3n en toda Europa de m\u00e1s limpia y apurada nobleza, ni en tanto en m\u00e1s caballeros de sangre y mayorazgos riqu\u00edsimos\u201d, al tratar de la historia y naturaleza de C\u00f3rdoba. No es por tanto casual que fuera una de las tres primeras ciudades de Castilla -junto con Sevilla y Toledo- en poseer Estatuto de Limpieza de Sangre para acceder a su Cabildo municipal, otorgado por Felipe II en 1568, como elemento de distinci\u00f3n y calidad social para sus miembros, pero tambi\u00e9n como herramienta para dotar de suficiente apariencia ilustre para los que no lo fueran tanto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ciertamente, desde su incorporaci\u00f3n a la corona castellana en 1236, C\u00f3rdoba es una ciudad altamente aristocratizada, no solo por el peso cuantitativo que los nobles ocupan en la vida de la ciudad, sino por la importancia propia de los mismos. En el \u00faltimo tercio del siglo XV se acredita perfectamente el peso espec\u00edfico que ten\u00edan en su cabildo de caballeros Veinticuatros las familias conquistadoras que gozaron de los importantes repartimientos, y que perdurar\u00e1n durante toda la \u00e9poca Moderna. Son los Aguayo, Angulo, Argote, Cabrera, C\u00e1rcamo, C\u00e1rdenas, Carrillo, P\u00e1ez de Castillejo, C\u00f3rdova, Mu\u00f1iz de Godoy, G\u00f3ngora, Hoces, Infantas, Luna, Mes\u00eda, Guti\u00e9rrez de los R\u00edos, Sotomayor, Sousas, Valenzuela, Vargas o Venegas. De entre todos ellos, brillaron con luz propia en aquellos primeros momentos los que adem\u00e1s ostentaban importantes se\u00f1or\u00edos en el Reino cordob\u00e9s, principalmente los condes de Cabra, los se\u00f1ores de Aguilar y los de Espejo-Lucena (de los C\u00f3rdova), los se\u00f1ores de Fern\u00e1n- N\u00fa\u00f1ez (de la casa de los R\u00edos), los de Luque (Venegas) y los del Carpio (Sotomayor).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con el cambio de siglo, los grandes nobles de la regi\u00f3n cordobesa ir\u00e1n abandonando su inter\u00e9s por la ocupaci\u00f3n del gobierno concejil de la ciudad, en gran parte por dar un salto cualitativo en sus redes e intereses, muchos a la corte, como demuestra su acrecentamiento con los importantes t\u00edtulos de comienzos del quinientos como el marquesado de Priego (1501) y el de Comares (1512), el condado de Palma (1507), y los algo m\u00e1s posteriores como el marquesado de Priego (1559), el marquesado de la Guardia (1566) o el ducado de Baena (1566). Igualmente, a resultas de la pol\u00edtica de persecuci\u00f3n de jud\u00edos y conversos de la Inquisici\u00f3n, muchos de ellos hubieron de abandonar los puestos de Veinticuatros que hab\u00edan conseguido a la luz de las mercedes regias, cuando no incluso la ciudad y el reino, o reconvertirse desde el anonimato para hacer olvidar su pasado. As\u00ed pues, en los comienzos de la Modernidad, aquellos y estos dejaron espacio para consolidar en el siglo XVI una oligarqu\u00eda algo m\u00e1s homog\u00e9nea, aunque siempre en constante movimiento. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A lo largo de las dos centurias de los Habsburgo se fueron sumando a la elitista selecci\u00f3n de las familias antiguas con asiento en el cabildo municipal otras tantas de diferente procedencia, con las que comenzaron a relacionarse y emparentar, y que enriquecieron en todos los sentidos el mapa del patriciado cordob\u00e9s. Un grupo de ellas proced\u00eda de linajes que hab\u00edan medrado a la luz del cabildo catedralicio, y que consiguieron acceder al gobierno local gracias a sus poderosos pater familias can\u00f3nigos, como ocurri\u00f3 con los Armenta, los Corral o los Cort\u00e9s de Mesa. Otras hund\u00edan su origen en una hidalgu\u00eda m\u00e1s o menos conocida o antigua, no exentas algunas de bastante oscuridad en sus ra\u00edces, que por la acumulaci\u00f3n de mayorazgos y crecimiento econ\u00f3mico fueron ascendiendo hasta conseguir un puesto entre las m\u00e1s notables de la ciudad. Aqu\u00ed encontramos apellidos tan se\u00f1eros como los Acevedo, Aguilar, Cea, Fern\u00e1ndez de Mesa, Figueroa, Torreblanca, Manuel de Land\u00f3, Morales, Heredia, Fajardo, Henestrosa, Ca\u00f1averal, Orive, Villal\u00f3n o los Velasco. Dos sangres de las m\u00e1s elevadas de Andaluc\u00eda se unen a toda esta relaci\u00f3n: los Saavedra y los P\u00e9rez de Guzm\u00e1n. \u00a0Ambas fueron ramas segundonas desgajadas de las primog\u00e9nitas originarias en el Reino de Sevilla (los primeros, los condes del Castellar; y los segundos, los todopoderosos Medina Sidonia), que se afincaron en C\u00f3rdoba y consolidaron en la ciudad nuevas l\u00edneas con esencia propia, ocupando as\u00ed distintas veinticuatr\u00edas, y con el tiempo incluso varios t\u00edtulos de Castilla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una din\u00e1mica similar a esta \u00faltima ocurri\u00f3 con otros dos linajes netamente cordobeses. Acercadas las ramas primog\u00e9nitas a la vida cortesana o ubicando sus intereses en c\u00edrculos de mayor influencia y poder, los Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba y los Guti\u00e9rrez de los R\u00edos describen dentro de ellos una evoluci\u00f3n de distintas ramas separadas que las diferenciaron demasiado como para incluirlas dentro de un mismo grupo de poder. As\u00ed, para la Casa de C\u00f3rdova, mientras los Cabra-Baena, Priego o Comares hab\u00edan ido superando su participaci\u00f3n e identificaci\u00f3n como \u00e9lite cordobesa, entrando as\u00ed en un estado mucho m\u00e1s poderoso como era la Grandeza, otras ramas desgajadas de estas mismas s\u00ed que permanecieron en la ciudad y continuaron formando parte de su patriciado. Hablamos de los se\u00f1ores de Teba, los se\u00f1ores-marqueses de Villaseca, los se\u00f1ores de Belmonte, los importantes marqueses de la Puebla de los Infantes que fueron adem\u00e1s Alf\u00e9reces Mayores, los condes de Prado Castellano o los de Torres Cabrera, todas estas casas de gran repercusi\u00f3n y trascendencia en la vida social y pol\u00edtica de la ciudad de G\u00f3ngora hasta el XIX. Por su parte, aunque la rama m\u00e1s importante de los Guti\u00e9rrez de los R\u00edos, los se\u00f1ores y luego condes de Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez, habr\u00e1 ya dado el salto a Madrid, permanecer\u00e1n en C\u00f3rdoba otras ramas de la misma familia que crecieron y acabaron teniendo su propio peso espec\u00edfico como se\u00f1ores locales, especialmente los vizcondes de Sancho Miranda, los condes de Gabia y los marqueses de las Escalon\u00edas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El siglo XVIII no fue una excepci\u00f3n en la din\u00e1mica de renovaci\u00f3n y acrecentamiento del espacio de las familias de la aristocracia local cordobesa. Sin embargo, s\u00ed que encontramos una t\u00f3nica diferencial: la llegada de individuos con un pasado bastante m\u00e1s oscuro y lejano, especialmente en lo que a linaje se refiere, pero tambi\u00e9n lo geogr\u00e1fico. Es as\u00ed como llegan a ostentar h\u00e1bitos de \u00f3rdenes, veinticuatr\u00edas y a casar con caballeros o damas de la m\u00e1s antigua nobleza apellidos que hac\u00eda 4 o 5 generaciones apenas si gozaban de condici\u00f3n hidalga (conversos, escribanos\u2026) o cuya influencia hab\u00eda sido hasta entonces limitada al \u00e1mbito rural. Llegaron as\u00ed los Molina, Alfaro, Ca\u00f1ete, Guti\u00e9rrez Rav\u00e9, Vera, de la Corte, Montesinos, Mu\u00f1oz de Velasco, Villaceballos, Orbaneja, Toboso, Tercero, Jurado Valdelomar a copar importantes puestos de gobierno y a alcanzar un ennoblecimiento local de primer orden.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fruto de siete siglos de trayectoria y devenir de esta \u00e9lite urbana, C\u00f3rdoba como ciudad creci\u00f3 y se enriqueci\u00f3 de manera determinante, pues las necesidades de proyecci\u00f3n social y visual de la \u00e9lite gener\u00f3 un desarrollo patrimonial riqu\u00edsimo. La ciudad de la Mezquita conserva m\u00e1s de medio centenar de casas solariegas construidas por aquella aristocracia desde la Baja Edad Media hasta las \u00faltimas concluidas ya en el Ochocientos, y ello sin contar con las otras tantas demolidas durante la expansi\u00f3n urban\u00edstica contempor\u00e1nea o las que fueron reconvertidas en conventos por sus mismos propietarios. Originalmente las principales familias de la ciudad se asentaron en las collaciones del sector urbano de la villa, como se demuestra con las c\u00e9lebres casas del Gran Capit\u00e1n, las de los se\u00f1ores de Aguilar, los de Luque, los del Carpio o la familia Hoces. Sin embargo, a lo largo de la \u00e9poca Moderna, el espacio residencial de la nobleza se expande y toda la ciudad se convierte en un gran escaparate nobiliario, exceptuando los barrios del Alc\u00e1zar Viejo, el Campo de la Verdad y la popular collaci\u00f3n de San Lorenzo. Quedan as\u00ed en pie imponentes casas se\u00f1oriales como las de los Villaseca -llamadas de las Rejas de don Gome, hoy Palacio de Viana-, de los Fern\u00e1ndez de Mesa, de los marqueses del Carpio, de los duques de Hornachuelos, de los Luna, de los Aguayo, de los Corral o los P\u00e1ez de Castillejo. Pocas tienen realmente un aspecto de \u201cpalacio\u201d a la manera dieciochesca francesa, propia de grandes ciudades -salvo notables excepciones como las de los duques de Rivas o los marqueses de Benamej\u00ed-, ya que la mayor\u00eda son grandes caserones, con mayor o menor trazado y profundidad, de corte m\u00e1s austero, m\u00e1s castellano, pero eso s\u00ed, de s\u00f3lida factura y donde no falta el escudo de armas. Igualmente, de otras apenas si conservamos la fachada o la portada -como la de los Sotomayor, hoy transformada totalmente en Conservatorio de M\u00fasica, o la del vizconde de Miranda-, mientras que algunas siguen conservando casi intactas su funci\u00f3n de residencia particular y para las que no parece que haya pasado el tiempo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Junto con sus casas principales, los conventos son otro importante testigo hist\u00f3rico del patriciado urbano cordob\u00e9s. Transcurrido el primer per\u00edodo medieval, en el que las grandes fundaciones monacales fueron auspiciadas por la propia corona, dotando a los primeros conventos de institucionalidad propia en la ciudad (San Pedro el Real, San Pablo, San Agust\u00edn, Santa Clara, la Trinidad y la Merced), a partir del siglo XV las familias de la \u00e9lite cordobesa comenzaron una desatada carrera de honor fundacional -en palabras de \u00c1ngela Atienza-, que gener\u00f3 un proceso de algo m\u00e1s de dos siglos en los que se establecieron una treintena de cenobios masculinos y femeninos La funci\u00f3n de la mayor\u00eda de ellos encerraba claramente un componente de visibilizaci\u00f3n, poder y permanencia \u201cpor los siglos de los siglos\u201d de sus fundadores y de sus herederos. Claro est\u00e1 que, adem\u00e1s, para la fundaci\u00f3n de un convento se requieren muchos m\u00e1s recursos que para hacer lo propio con una capellan\u00eda o enterramiento dentro de otro templo, por lo que revela adem\u00e1s un poder\u00edo patrimonial y econ\u00f3mico muy fuerte, con el que poder instaurar tambi\u00e9n -en no pocos casos- un refugio familiar para las mujeres religiosas de la familia. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed, el veinticuatro don Pedro de los R\u00edos establec\u00eda en 1475 el convento de Santa Cruz para las clarisas, casi al mismo tiempo que hac\u00eda lo propio otro patricio cordob\u00e9s, don Pedro Ruiz de C\u00e1rdenas, para erigir el de Santa Mar\u00eda de Gracia -hoy desaparecido-. Pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde se dotaron los conventos de Regina Coeli y la Concepci\u00f3n, de la mano de las familias Venegas y de los R\u00edos. Los Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdova y sus m\u00faltiples ramas no se quedaron atr\u00e1s: el convento de Santa Marta fue fundado por un hija del I conde de Cabra, mientras que casi dos siglos despu\u00e9s se produjo la definitiva donaci\u00f3n de don Antonio Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdoba, IX conde de Cabra, de sus casas principales, en 1655, para la construcci\u00f3n del convento de las Capuchinas; el convento del C\u00edster fundado por don Luis Fern\u00e1ndez de C\u00f3rdova, de la casa de Guadalc\u00e1zar; o el de Santa Isabel de los \u00c1ngeles acab\u00f3 siendo patronato de los C\u00f3rdova Figueroa, se\u00f1ores de Villaseca. Menci\u00f3n aparte merece la casa de los se\u00f1ores y marqueses del Carpio, a cuya iniciativa se deben hasta tres conventos cordobeses: el de Santa Ana, el de San Jos\u00e9 o llamado tambi\u00e9n San Cayetano y el de Jes\u00fas Crucificado. Un acaudalado converso, el jurado Mart\u00edn G\u00f3mez de Arag\u00f3n, intentar\u00eda mitigar las sospechas sobre su abrasado pasado fundando en 1635 el convento de San Mart\u00edn, que ser\u00eda en el siglo XIX el primero en ser demolido para el ensanche burgu\u00e9s de la ciudad. Junto a todos ellos, observamos multitud de fundaciones piadosas, cofrad\u00edas, enterramientos, capillas y tumbas diseminadas por todos los templos de la ciudad en los que la aristocracia colm\u00f3 sus expectativas de vida eterna, poblando de santos y blasones cientos de lugares de sagrados. La Catedral es quiz\u00e1 la mejor muestra de ello, con su centenar de capillas y enterramientos tanto de can\u00f3nigos y jerarcas como de la nobleza de la ciudad. Es as\u00ed que los restos del propio G\u00f3ngora descansan en la capilla de su familia, los Aguayo, o los Hoces emplearon lo mejor de sus recursos para sus respectivas capillas, siendo emulados con el paso de los siglos por los Cort\u00e9s de Mesa o los Mu\u00f1oz de Velasco, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">nuevos nobles<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, pero <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">igual<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de nobles, al fin y al cabo.<\/span><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Autor:\u00a0<span style=\"font-weight: 400;\">Gonzalo J. Herreros Moya<\/span><\/h6>\n<hr \/>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">HERREROS MOYA, Gonzalo J., \u201cCasas y palacios hist\u00f3ricos de C\u00f3rdoba: una se\u00f1alizaci\u00f3n de patrimonio de la UNESCO por hacer\u201d, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">International Journal of Scientific Managment Tourism<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, n\u00ba 3, vol. 2 (2016), pp. 147176.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">MOLINERO MERCH\u00c1N, Juan Andr\u00e9s, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La Mezquita-Catedral de C\u00f3rdoba: s\u00edmbolos de poder<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, C\u00f3rdoba, 2005.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">DOBADO FERN\u00c1NDEZ, Juan y YLLESCAS ORTIZ, Mar\u00eda,<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> C\u00f3rdoba<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">ciudad conventual<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, C\u00f3rdoba, 2014.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">CABRERA S\u00c1NCHEZ, Margarita, \u201cLos regidores de C\u00f3rdoba en 1480. Aproximaci\u00f3n prosopogr\u00e1fica\u201d, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Meridies. Revista de Historia Medieval<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, III (1996), pp. 61-88<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">CABRERA S\u00c1NCHEZ, Margarita, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nobleza, oligarqu\u00eda y poder en C\u00f3rdoba al final de la Edad Media<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, C\u00f3rdoba, 1998.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">SORIA MESA, Enrique, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El cambio inm\u00f3vil. Transformaciones y permanencias en una \u00e9lite de poder (C\u00f3rdoba, ss. XVI-XIX)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, C\u00f3rdoba, 2000. <\/span><\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_2_5 2_5 fusion-two-fifth fusion-column-last\" style=\"--awb-bg-size:cover;width:40%;width:calc(40% - ( ( 4% ) * 0.4 ) );\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[137,5],"tags":[565],"class_list":["post-2028","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-oligarquias-locales-sociedad","category-sociedad","tag-gonzalo-j-herreros-moya"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2028","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2028"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2028\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2030,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2028\/revisions\/2030"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2028"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2028"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www2.ual.es\/ideimand\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2028"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}