Muy documentado por historiadores como López Martínez, es una obra algo compleja en la que intervienen varios autores. Romero de Torres dice de él que es “una de las joyas escultóricas más hermosas de Andalucía”. Aunque realmente no conocemos el contrato o pagos de labores por las que podamos asegurar que Roque Balduque trabajara en este retablo, sí existen  bastantes indicios que nos llevan a afirmar  que participó en su diseño y ejecución. De hecho en 1554, aparece en Medina contratando el retablo sacramental de dicha iglesia, y cinco de los relieves del banco alto son originales suyos, lo mismo que el Calvario, cuyas imágenes reconoce en su testamento haber concluido.

En 1575 el mayordomo de Santa María, Beneficiado Buisa, y el Obispo de Cádiz, don García Méndez de Haro, encargaban a Melchor Turín y a Juan Bautista Vázquez “todas las figuras del bulto y de medio relieve que fuera menester para henchir los tabernáculos”. Es interesante destacar el vínculo que hay entre Vázquez y el  VII duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán, el cual le está encargando en estos años trabajos para sus casas de Sanlúcar y Sevilla. Este personaje sin duda, tuvo algo que ver en  la elección de Vázquez para continuar la obra en el retablo de Santa María de Medina, ciudad que se une a la casa ducal a partir de 1444.

La decisión de concluir la imaginería del retablo se reinicia entonces, pues se encontraba paralizada, aunque la arquitectura y talla estaban ya concluidas desde el fallecimiento de Balduque y la elección del taller de Vázquez el Viejo para su ejecución se basó en que acababa de realizar en Carmona una labor parecida.

Sería con anterioridad a 1575 cuando se le agregan los dos cuerpos superiores, que se diferencian claramente de los tres primeros por tener las cajas tres arquillos e incluirles un banco en cada registro, teniendo en cuenta para esto las grandes dimensiones del Calvario que ya realizó Balduque. La realización del soporte del retablo se culminará en 1577. El encargado del dorado y la policromía fue Miguel Valles, que concluyó dicha tarea en 1584.

El retablo de Medina Sidonia tiene una estrecha relación con la retablistica sevillana de la época, como se ve en su estructura arquitectónica, que es de planta ochavada. Es todavía un retablo a caballo entre las postrimerías del gótico y del que se empieza a trazar en el renacimiento castellano.  Consta de banco, cuatro cuerpos y cinco calles y amplio ático, algo complejo que se podría  subdividir en dos espacios: un pseudo-cuerpo donde se insertan dos historias, dos hornacinas que acogen dos imágenes en los extremos y el Calvario en medio cuyo imponente crucificado se inscribe en el siguiente espacio que se configura como una coronación de linternas abalaustradas o templetes.

Su estructura arquitectónica, como ya apuntó Palomero en su libro del retablo renacentista, «deriva, en líneas generales del retablo mayor de Santa María de Cáceres, concertado con Diego Guillen Ferrant  y Roque Balduque en 1547 y concluido cuatro años después».

En el retablo de Medina, la determinación de la autoría en los relieves es sin duda uno de los mayores problemas de interpretación, debido sin duda a la gran homogeneidad que estos presentan pues Melchor Turín y Vázquez “el mozo” se forman en el taller de Vázquez el Viejo. Según Hernández Díaz, aun así se pueden distinguir tres manos en atención a los tres tipos femeninos que se representan en el retablo y su vinculación con los conjuntos de Carmona y Lucena, realizados por Vázquez el viejo y el de San Jerónimo de Granada, en el que intervienen Turín y Juan Bautista Vázquez “el mozo” (quizás desde 1578 según Hernández Díaz).

Como suele ocurrir a una obra de esta envergadura y complejidad, se presentan esculturas o composiciones de calidad diversa. Las historias se componen de figuras completas o de bulto redondo en un primer plano y figuras de chuleta, enteras o bustos, en un segundo plano e incluso de medio relieve al fondo conformando la perspectiva del relieve, matizado claro está, por tener figuras de bulto redondo. Este sería un caso singular, pues incluso en Lucena no se trata de figuras aisladas, salvo las de la calle central, sino altorrelieves.

Los cinco relieves del banco son de mucha calidad, aunque por su composición y lo esmerado en el detalle son más próximos al quehacer de Balduque. También de mucha calidad  son  las escenas de la Epifanía, menos clásica que la lucentina y por ende más berruguetesca.  Aquí se acerca a sus primeras composiciones en donde el rey Melchor se cruza los brazos en el pecho, en vez de entregar algún presente o el Nacimiento de la Virgen, más cercanas a la estética de Vázquez.  Interesante es la influencia que tuvieron los grabados flamencos y alemanes (Durero, Wierix…) en la composición de algunos relieves como la escena del Ecce-Homo  presentado al pueblo, los preparativos de la crucifixión tiene, el Calvario así como la curiosa, y difícil de interpretar, escena del Noli me tangere. Como comenta Palomero el tema de San Joaquín y santa Ana itinerantes con la virgen niña en medio, un tema poco frecuente, que constituye el precursor inmediato de la Sagrada Familia; al igual que el de la Dormición de la virgen que también se representa aquí, o el de la Tota Pulcra. Este último es una variante al igual que el Abrazo ante la Puerta Dorada del tema de la Inmaculada.

También de mucha calidad es la titular del retablo. Tiene cierta relación con la Asunción que preside el retablo de Lucena, sobre todo en ese suave contrapposto en donde adelanta su pierna derecha y mantiene una gran serenidad. Su rostro ovalado también está en la órbita de Vázquez. De su mano hay que atribuir sin duda, algunas figuras dispersas en el retablo como la figura femenina con niño que se dispone en primer plano en la escena de la Circuncisión. También en la escena del Nacimiento de la Virgen hay varias doncellas que recuerdan prototipos femeninos de Vázquez, como la que está a la izquierda que se asemeja a la Santa Rufina, hoy en la iglesia de San José.

Hay también  composiciones que  recuerdan a otras del mismo tema o similares  realizados por Vázquez en retablos anteriores como la Visitación que se asemeja al Abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada que realizara para Santa María la Blanca de Toledo, o el Entierro que se vincula con el realizado en un relieve ovalado  para Lucena donde es similar la composición e incluso el monumental cuerpo de Cristo.

Autor: Jesús Ángel Porres Benavides

Bibliografía

MARTÍNEZ DELGADO, Francisco, Historia de Medina Sidonia, Cádiz 1875.

LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino, Notas  para la Historia del Arte: Desde Jerónimo Hernández hasta Martínez Montañés, Sevilla, Imprenta de Rodríguez, Jiménez y Cª, 1929.

ROMERO DE TORRES, Enrique, “Provincia de Cádiz” Catálogo  Monumental de España, Madrid, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1934.

HERNÁNDEZ DÍAZ, José, Imaginería del Bajo Renacimiento, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas Instituto “Diego Velásquez”, 1951.

PALOMERO PARAMO, Jesús, El retablo sevillano del Renacimiento. Análisis y evolución (1560 –1629), Sevilla, Diputación de Sevilla, 1981.

PORRES BENAVIDES, Jesús, “El Retablo de Santa María  de  Medina-Sidonia” en Actas de los VIII Encuentros de Primavera en El Puerto La conservación de retablos: conservación, difusión y catalogación, Puerto de Santa maría, Cádiz, Ayuntamiento del Puerto de Santa María, 2007.