A lo largo del siglo XVIII, pero especialmente en su segunda mitad, España se convirtió en un territorio alternativo para aquellos viajeros que deseaban conocer otras tierras más allá del habitual Grand Tour. La existencia de Cádiz como puerto de América haría del camino de postas que la comunicaba con Madrid, una de las rutas más transitadas de la Península, así como territorio habitual de comerciantes, diplomáticos, militares y sobre todo curiosos, que bien por cuestiones profesionales o bien por simple placer decidieron llegar hasta Andalucía. De este modo, ciudades como Córdoba, Sevilla y Cádiz, destino final y puerto de América se convertirían por su conexión a través de la transitada ruta que comunicaba con la corte, en algunas de las ciudades que poblaron la narrativa de los viajeros extranjeros.

Andalucía, al igual que el país, les sorprendería como un territorio eminentemente rural, de un urbanismo anclado en esquemas medievales, con un rico legado arqueológico clásico, con una importante presencia de la iglesia católica en cualquier aspecto de la vida de sus habitantes; con una población humilde de interés por sus peculiaridades en la vestimenta, los bailes y otras diversiones, y una nobleza de educación rudimentaria. Impresiones que debían contrastar con una información amasada con importantes trazos de la leyenda negra, que pervivían en sus países de origen ramificados en la literatura, los libros de historia o los espectáculos escénicos.

Durante los primeros sesenta años, fueron pocos los que se decidieron a acometer la aventura de España. A lo largo de este largo periodo se cruzaron John Durant Breval, preceptor de algunos aristócratas en el Grand Tour como lord George, vizconde de Malpas; el médico Charles Fréderic Merveilleux , señor de la Melonnière; el dominico y profesor de Filosofía y Matemáticas, Jean Baptiste Labat; el predicador capuchino François de Tours, o el comerciante Christopher Hervey entre otros.

Sería a partir de 1760 cuando contemos con algunos de los principales testimonios, destacando el del británico Edward Clarke quien vendría como capellán del conde de Bristol, y que tras su periplo por la nación decidió escribir un libro para combatir las apreciaciones erróneas, y las informaciones inexactas que se habían publicado sobre España. En su Letters concerning de Spanish Nation, editada en 1763 narraría sus experiencias en Cádiz y Granada.

Tras la guerra contra Francia llegaría una interesante oleada de viajeros, alcanzando Andalucía: Vittorio Enzo Alfieri en 1771, Richard Twiss entre 1772 y 1773, William Dalrymple a lo largo de 1774, Henry Swinburne entre 1775 y 1776, Jean François Peyron y Jean François Bourgoing desde 1777 o Jean Talbot Dillon en 1778. El siguiente grupo no llegaría hasta 1785, ya que la Guerra por la Independencia Americana frenaría a los viajeros británicos. Tan sólo un año después de esta guerra y tres años antes de que estallara la Revolución francesa, concretamente en 1786, apareció por España un pastor británico llamado Joseph Townsend, quien legaría uno de los testimonios más interesantes de la Andalucía de este tiempo.

Después de la Revolución Francesa, tras el impacto de sus acontecimientos, se abriría en Europa una etapa de convulsiones. El viaje, como cualquier aspecto que formara parte de la vida en estos momentos, se vio afectado por la violenta sacudida. Y como consecuencia despojó a la nación de aquel caudal de curiosos que se venían acercando año tras año cada vez en mayor número. Sin embargo, aunque llegarían muy pocos hasta la Guerra de la Independencia, al menos los que llegaron, nos dejaron unos testimonios imprescindibles. Entre ellos destaca la narración del profesor alemán Christian August Fischer quien llegó al país en 1797 y no la abandonaría hasta el año siguiente, transcurriendo una parte importante del mismo por Andalucía. El siglo lo cierra el profesor alemán Wilhelm von Humboldt, quien llegó a Andalucía en enero de 1800 proveniente de Madrid. Su Diario de viaje a España (1799-1800) es uno de los documentos más interesantes para el conocimiento de estas tierras y sus gentes al cambiar el siglo.

Sus testimonios, además de importantes libros del género de la literatura de viajes de estos años, se han convertido en fuentes fundamentales para conocer la historia de Andalucía, concebidos dentro de la singular coyuntura científica que inspiraba aquel siglo de las Luces. Se revelan imprescindibles para conocer los cambios que se manifestaron en aquel tiempo, cuando el país cambió de corona, trasladó su puerto de Indias y trazó importantes planes de reforma económicos, políticos y sociales; así como para comprender la realidad que preludió la Guerra de la Independencia.

Autora: Rocío Plaza Orellana

Bibliografía

CLARKE, E., Letters concerning the Spanish Nation: written at Madrid during the years 1760 and 1761, Londres, 1763

GARCÍA MERCADAL, J., Viajes de extranjeros por España y Portugal, Madrid, Aguilar, 1962.

GARCÍA-ROMERAL PÉREZ, C.,  Bio.Bibliografía de viajeros por España y Portugal (siglo XVIII), Madrid, Ollero y Ramos editores, , 2000

HUMBOLDT, W. von, Diario de viaje a España (1799-1800), Madrid, Cátedra, 1998.

PLAZA ORELLANA, R., Los caminos de Andalucía en el siglo XVIII. Memorias de los viajeros del siglo XVIII, Universidad de Sevilla, 2008.