Las formas de acceso a la nobleza titulada durante el siglo XVIII fueron tan complejas como oscura resulta para el historiador su investigación. Según la historiografía tradicional, la merced regia únicamente premiaba con un título nobiliario los servicios y méritos desempeñados en la guerra, la Corte, la justicia o el gobierno político de la monarquía, pero sabemos que, en la práctica, además del mérito y el servicio al monarca, existieron procedimientos venales para alcanzar tan alto honor. De este modo, el comerciante almeriense Luis Francisco de la Cruz Mesía, invirtió parte de sus beneficios mercantiles en la adquisición del prestigio y la distinción social que no producía el comercio, titulándose así marqués de Dos Fuentes.

Natural de Baza (Granada). Hijo de Pedro de la Cruz Mesía, regidor de Guadix, y de María Moreno de Bastia, compaginó la práctica del comercio a escala local y regional con el arrendamiento de rentas y el préstamo, aunque sin llegar a convertirse en un importante hombre de negocios como lo fueron los asentistas o prestamistas de la Corona. Desempeñó además una regiduría en el cabildo almeriense tras casar en 1716 con Claudia Berbel, descendiente de una familia de linaje hidalgo oriunda del término de Tabernas. Fue capitán de milicias de la compañía de naturales de la villa de Tabernas, gozó de una regiduría perpetua en Guadix, y logró acumular cuantiosos beneficios económicos en distintos puestos. Ejerció como administrador y arrendador de rentas en 1734, año en que administraba la renta de la lana de la ciudad de Almería; en 1740 encabezó el subarriendo de la renta del aguardiente de Granada, y tuvo también a su cargo la renta de las salinas. Fue comisionado en 1733 para administrar las rentas de la marquesa del Carpio en tierras almerienses, y años más tarde, en 1741, las haciendas del mayorazgo de Félix Enciso, un caballero veinticuatro de Granada. Paralelamente participó en el suministro de municiones y víveres —fundamentalmente trigo— a los presidios de África, actividad que desempeñó como factor o dependiente de Pedro de Astrearena, asentista principal de esta provisión. Estar al cargo del abastecimiento de grano le permitió disponer en ocasiones de excedente, al cual daba salida mediante su venta a particulares. Siguiendo con la diversificación de sus negocios, Luis Francisco estuvo dedicado además al préstamo y actuó como intermediario de importantes hombres de negocios, entre ellos, Juan Evangelista Giraldeli, uno de los mayores prestamistas de la Corona.

Buena parte de los caudales amasados con el ejercicio de estos negocios lo destinó a la inversión en la compra de bienes inmuebles que, además de producir cuantiosas rentas, consolidaban su prestigio social. La adquisición de propiedades se convertía en una pauta imprescindible para el ascenso social. Así, Luis Francisco realizó múltiples compras de tierras y otro tipo de bienes inmuebles, como almacenes o molinos. Para sacar rentabilidad de estas propiedades en ocasiones las arrendó, o bien negoció con su compraventa.

Propietario de un cuantioso caudal e integrado en esferas de poder merced a sus negocios, debió serle fácil vincularse con personas que pudieran promover su ascenso social. Seguramente, a través de sus contactos en la Corte, quedó enterado de que el convento de Nuestra Señora del Carmen de la villa de Sádaba, en Aragón, tenía dos títulos de Castilla desde octubre de 1738 para sufragar con el producto de su venta gastos de obras, por lo que invirtió parte de su capital en adquirir una de estas mercedes a fray Vicente Elías Ibero y Cortés, apoderado del convento para vender el título, a quien abonó 22.000 ducados. Tras la realización de los trámites necesarios para confirmar la venta, entre los que estuvieron incluidos los “informes reservados” solicitados al entonces gobernador político-militar de Almería, Diego Vela Alemán Descallar, Luis Francisco de la Cruz Mesía se intituló como marqués de Dos Fuentes por despacho de 24 de septiembre de 1741.

Como han demostrado numerosos estudios, el proceso de ennoblecimiento del patriciado urbano y de los comerciantes no implicó un abandono de sus negocios mercantiles, sino que hubo una continuidad en el ejercicio de estas actividades económicas, por lo que Luis Francisco continuó a cargo de la real provisión de granos y realizando ventas al fiado, préstamos e inversiones en propiedades rústicas para su posterior arriendo.

El título se le concedió sobre unas tierras situadas en Tabernas, propiedad de su suegro, don Pablo Berbel, las cuales recibían el nombre del Marchal de Dos Fuentes. Esto explica que la mayoría de los bienes inmuebles comprados entre 1741-1743 estuvieran situados en dicha villa, pues lo más probable es que Luis Francisco quisiera aumentar lo antes posible las propiedades vinculadas al título para hacer mayor ostentación de su nobleza. A la compra del honor debía ir aparejado un modo de vida noble que recubriera en la medida de lo posible tan rápido ascenso, y por ello los nuevos titulados como el marqués de Dos Fuentes se valieron de una serie de estrategias para asemejarse a las Casas nobiliarias de más rancio abolengo. La posesión de un escudo de armas fue uno de los elementos más recurridos para simbolizar la antigüedad del linaje y por ello, como muchos otros advenedizos, mandó fabricar uno para colocarlo en la portada de la casa que poseía en el Marchal de Dos Fuentes. Otro símbolo característico de la nobleza fue la financiación de obras pías o benéficas, que les convertían en patrones de las iglesias o capillas que habían costeado. Participando de esta dinámica nos encontramos en septiembre de 1745 a doña Claudia Berbel, viuda ya del marqués de Dos Fuentes, pidiendo licencia para construir en la Iglesia de San Pedro de la ciudad de Almería, una capilla para la virgen María de los Remedios.

En octubre de 1744 fallecía el marqués de Dos Fuentes sin descendencia directa, sucediéndole entonces su sobrino Pedro de la Cruz y Rienda quien, además de heredar el título, continuó con sus negocios.

Autora: María del Mar Felices de la Fuente

Bibliografía

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