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Espacio público, entre-pliegue urbano

Granalí Rodríguez Chumillas e Isabel Rodríguez Chumillas 4 octubre, 2016

En nuestro caso, nos referimos al quehacer del artista y el arte cuando éste es sobre el lienzo en blanco que posibilita el espacio público de la ciudad, donde se acumula –y a veces armoniza y otras espanta– sobre la construcción material, social y simbólica que ésta condensa y como un reactivo puede incidir en el imaginario social convirtiéndose en el puente misterioso que se establece entre las almas, entre lo que se ve, la naturaleza exterior, que sin embargo se “piensa interiormente, el verdadero pensamiento que es común a todos los hombres […] y que desaparece al accederse al sentido” (Delacroix, 2011, p. 5). Su intervención, de un modo distinto a las otras actuaciones habituales del espacio público, plantea las grandes y pequeñas preguntas sobre el propio hombre y su quehacer cotidiano y trascendental.

Si escribimos sobre la ciudad diciéndolo todo de ella como un conocimiento verbal-discursivo y despreciamos o infravaloramos el conocimiento intuitivo-simbólico, somos tan explícitos, tan denotativos, tan del pensamiento que se cierra la visión de lo invisible, lo impalpable, lo implícito, lo velado, lo connotativo. Desde la morfología urbana a las múltiples expresiones del dibujo del territorio, reconocemos en la materialidad visual el modo de concretar la visión del hombre y, por consiguiente, un medidor o registro posible de su quehacer y su sentir. Por tanto, más explicaciones posibles ante la imparable creación de conocimiento que contrae la capacidad de comprender, es lo que nos proporciona el estudio de las ciudades a través del paisaje y el imaginario, intentando ver la ciudad no sólo a través de los ‘puentes’ que las codificaciones del conocimiento normalizado en las líneas de pensamiento teóricas sobre la ciudad nos posibilitan, sino agarrándose a la perspectiva cruzada de los no especialistas, es decir, al modo en que la ven los ‘extras’ del gran teatro, los figurantes. Es otro modo de los múltiples en los que se ha expresado, pues como el propio Delacroix dice: “lo que hace a los hombres de genio o, más bien, lo que ellos hacen no son las nuevas ideas; es esa idea que los domina, de que lo que ha sido dicho no lo ha sido todavía bastante” (2011, p. 5). Porque las maneras de decir y de explicar desde los discursos del conocimiento verbal, imprescindibles, no son suficientes, de ahí que la foto, el croquis, hasta el garabato son necesarios para una comprensión mejor y mayor de la ciudad, intentando también escapar de una vez de lo que Christine Boyer –nos recuerda David Harvey– llama “el hedor de la memoria” (Boyer, 1994) y que “se vuelve el problema más intrincado a la hora de conceptualizar y representar a la ciudad”.

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Como dice Josep Montaner (2004) sobre el concepto ideal de memoria colectiva: “a partir de los años noventa este concepto se ha ido deconstruyendo en dos direcciones opuestas: por la parte del sistema productivo, se han reforzado los mecanismos de borrado y sustitución de la memoria; y por la parte de los movimientos sociales, se ha reivindicado la diversidad de memorias existente en cada ciudad, cómo conviven o cómo unas se imponen sobre las otras”. Este proceso de eliminación de la memoria real y de invención de memorias temáticas e impostadas (crean inmediatamente tradiciones de fiestas y celebraciones) producen “el proceso psicológico de la «distracción», cuando sin que la colectividad sea muy consciente de ello, una falsa memoria, de golpe, expulsa a la memoria existente, que es sustituida por un «imago»” (Montaner, 2004, p. 4). Hay códigos de control que operan en la ciudad reconduciendo la que finalmente se ha construido, y su espacio público quizás no sea un lienzo en blanco de libre disposición, de hecho, el grafiti y la pintada están mal vistos. Valga como ejemplo Barcelona en los años ochenta, que ha sido espejo donde se han mirado muchos teóricos y técnicos con responsabilidad e influencia en rehacer la ciudad contemporánea. Dice Ignasi de Lecea: “En la nueva cultura del espacio público el arte y la memoria debían estar presentes, satisfaciendo las necesidades de imagen e identificación que los monumentos siempre habían ofrecido […] El espacio público no es la residencia de las musas sino la de los ciudadanos, sacralizarlo lo empobrece, y las obras ya tienen bastante competencia con la publicidad y con el mobiliario urbano como para competir entre ellas mismas” (Lecea, 2004, p. 8). El arte entonces también intermedia en la reapropiación del sitio vaciando su contenido simbólico y cambiando su significado: “Este proceso de invención institucional de las tradiciones, consustancial con la historia humana, actualmente posee una mayor complejidad y dificultad: al tiempo que han aumentado las habilidades técnicas de las tecnologías de la comunicación para imponer nuevas memorias, también ha aumentado la capacidad social para resistir, reivindicar y conocer aquellos testimonios que quieren ser borrados” (Montaner, 2004, p. 4).

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El espacio público no sólo está bajo control, sino codificado, no permitiéndosele ser ese pretendido lienzo en blanco, por eso, sólo el arte malo, el no permitido, se revela dentro de sus códigos y sus mercados sin lucro. ¡Vaya si hay competencia y lucha silenciosa entre las paredes de la ciudad! Sin embargo, éstas, al multiplicarse por la ocupación laxa del territorio urbano sujeto a la movilidad, muestran el cambio que el espacio público experimenta, modificando su naturaleza y modalidades que amplía creando un espacio público operativo que, como señala Nelson Brissac (2011, p. 258), “los antiguos espacios públicos, ahora inaccesibles, pierden cualquier significado y uso, transformándose en tierra de nadie”, dado que la velocidad inviabiliza los recorridos a pie propios de configuraciones locales tradicionales. El entendimiento de la ciudad como paisaje urbano con una estructura objetivable y unos significados subjetivos, invita a comprensiones más lúcidas de la ciudad contemporánea, primero porque reúne visiones enfrentadas de lo urbano, dándose de lleno con el sinsentido para al menos plantearlo; segundo, porque entender así los paisajes de la ciudad, como el puente entre materialidad e inmaterialidad, entre lo visible y lo no visible, suma lo que denota y connota. Puede así aproximarse a detectar las partes del tejido en las que se descompone la ciudad contemporánea e identificar ámbitos visibles y visibilizados, ordenados, y sus límites difusos de intersticios. Los estamos reconociendo en su movimiento atrapable con huellas medibles como los límites que establecen fronteras interiores y cambiantes entre ámbitos reconocibles, visibles, nombrados, unidades de paisaje diferenciadas, al conciliar los axiomas antagónicos de lo visible y lo invisible con la perspectiva cruzada de los no especialistas y usuarios. Mismo que “ese territorio de lo sin forma” dominado por una dinámica entrópica que se apodera de lo indiferenciado y se amplía permanentemente para los supervivientes informales (Brissac, 2011, p. 259), que se constituye en el paradigma de la ciudad latinoamericana (p. 258) y al que renuncia a enfrentarse, encerrándose en el limbo teórico de la superposición y el desplazamiento de escalas: “es imposible realizar la cartografía de este espacio sin delimitar” (p. 261), pues la cartografía es por antonomasia abstracción que propone una imagen de lo real, sencillamente, es carta gráfica de cualesquiera datos.

Entendemos que, aunque codificado y bajo control, no obstante, el espacio público, por su propia naturaleza de espacialidad del tránsito común, es portador de resquicios de esperanza: el único ámbito de contacto. Y esta condición es la que nos permite aprender de la relación Arte y Geografía, asomándonos al entre-pliegue que el arte urbano –¿arte público?– crea en el espacio público de la ciudad.

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Nelson Brissac, El Nuevo urbanismo latinoamericano: megaciudades, páginas 255-273 de Una teoría del arte desde América Latina, editado por José Jiménez, Badajoz, España, Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo-Turner, 2011.

Eugène Delacroix, El puente de la visión. Antología de los Diarios, Madrid, Tecnos, 2011.

David Harvey, París, capital de la modernidad, Madrid, Akal, 2008.

Ignasi de Lecea, Arte público, ciudad y memoria, publicado en el número 5 de On the w@terfront, páginas 5-17, 2004.

Josep María Montaner, Traumas urbanos. La pérdida de la memoria, Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos. La ciudad y los desastres” , celebrada los días 7-11 de Julio de 2004 en el Centro De Cultura Contemporánea de Barcelona, CCCB.

Todas las imágenes pertenecen a la ciudad fronteriza de Nogales, México, por cortesía de las autoras. Las dos primeras son obras de Taller Yonke.

 

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About The Author

Granalí Rodríguez Chumillas e Isabel Rodríguez Chumillas

GRANALÍ RODRÍGUEZ CHUMILLAS. Creyente y practicante del arte y sus infinitas posibilidades. Aprendiz de sus múltiples lenguajes de los cuales algunos hablo y otros balbuceo… Licenciada en Bellas Artes, UCLM (1994), Master en Diseño Gráfico(1996), Estudios de Posgrado y Diploma de Estudios Avanzados UAM (2010). Docente, contratada temporal Escuela Universitaria de Magisterio en Toledo.UCLM (2007), docente Interina de secundaria, Consejería de Educación CLM (en la actualidad). Participación en el Tercer Coloquio Internacional Ciudades del Turismo, Universidad de Sonora, Colegio de Sonora y Universidad Autónoma de Madrid (2010)y en su sexta convocatoria como coordinadora de mesa de trabajo en la Universidad Nacional Autónoma de México en 2015. Participación en el XII Coloquio de Geografía del Turismo, Ocio y Recreación. Universidad Carlos III, Madrid. (2010), participación en el Seminario Internacional “Entrepliegues” UAM (en sus tres ediciones entre 2012 ,2013 y 2015). Colaboraciones en distintos proyectos de investigación y publicaciones relacionados con temas de arte, imágenes, imaginarios, ciudad y turismo. Habito y transito dejando y buscando huellas en el lienzo expandido del espacio domesticado y salvaje donde vivimos…
ISABEL RODRÍGUEZ CHUMILLAS. Una trayectoria y experiencia que dudo mucho haya satisfecho mis inquietudes, desde que nací en Cuenca en 1960, pues pronto reconduje la que más me motivó, dibujar. Fui Licenciada en Filosofía y Letras -especialidad Geografía en 1982- al tiempo que profesora en diversas categorías en el Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid. Desde que fui Doctora en 1998 (UAM) mejoró mi vida como Profesora Titular de Análisis Geográfico Regional. Siempre he afirmado que estoy especializada en temas urbanos, aunque durante muchos años mi corta visión sólo reconocía algunos tips homologados sobre la propiedad y la promoción inmobiliaria y su papel en el crecimiento y forma de las ciudades. Felizmente, llegó el tiempo de ir abriendo poco a poco los ojos y sí, me dedico a los temas urbanos, pero desde el 2004 el estudio de las ciudades fronterizas mexicanas y el urbanismo cerrado me recentró, ampliándose al estudio de las ciudades y territorios turísticos desde 2007 y, en los últimos años, al análisis del paisaje y los imaginarios urbanos para comprender la reconfiguración turística del territorio y sus gentes.

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